miércoles, 14 de diciembre de 2011

"When the ship comes in"

La trascendencia hipotética de los fluorescentes que convergen en una sola mirada. El cansancio del pasado negando el paso al futuro. Redobles eléctricos en la factoría confusa, donde la muerte deja de serlo y la vida se reinventa. También las viejas prostitutas que, con delicadeza, recogen sus dientes del asfalto mojado para devolverlos al mar. Gotas en el cristal. Y las palabras que por robadas, devalúan su significado sistemáticamente, convirtiendo al poeta en villano. De nuevo, las pirámides que gemían en la tormenta no son más que engranajes sedientos. Óxido corrupto. Descarnado. Espadas en alto de un ejército cubierto de polvo.
Las ojeras de los escaparates. El furioso augurio de los pensadores sordos. La postura parisina y el síndrome de Estocolmo descorchando una botella en el supermercado. El sueño de un pensamiento perverso que pasea su lengua por todos los labios que anidan en sus silencios, tan extensos como el cosmos, como el parecer de las estrellas. Como aquellos barcos siniestros que se intuían en la bruma. Que no tenían apellidos. Niños febriles con los párpados a medio cerrar, recorriendo la superficie lunar con la punta de sus dedos. La sutileza de un grito deforestando las comisuras sonrientes. Y el vientre que alberga la existencia, como una cáscara vacía.
Será cuando las vírgenes despierten de su singular hastío y los ríos se abran paso hasta la montaña. Fruncirán el ceño los conformistas sobre tu corona incierta y entonces, créeme, verán las sombras que la luz les restringía. Y tomarán posesión de la mañana, armados con paraguas, cuando una gota helada recorra tu sien como sinónimo de realidad. Incluso el alambre de las costuras sinuosas, deshaciéndose de los prejuicios mientras desciende las imperfecciones de un cuerpo desnudo, cubrirá los rescoldos de un imperio con las manos llenas y los bolsillos rotos; se desvelará la mentira que la verdad supuso, y no habrá noche en que no te desveles rememorando aquella mañana bastarda.
Pero mientras tanto, un cigarro y a la cama.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Vivir en el campo tiene sus ventajas I

                Como quien moldea una eternidad en un vaso de cristal. Como quien se sirve del recuerdo para ahogar sus ansias. Como quien perdona pero no olvida, olvidándose de perdonar. El mal beber, confirma el periódico, contrasta con la lluvia y el vapor del asfalto, restringiendo el efecto de las palabras, que según parece, no son más que el pensamiento banalizado. Como queriendo dar un consejo, aprendo a dar lecciones de ignorancia.
                Como quien mata los celos con cinismo barato. Como quien secuestra emociones y no hace prisioneros. Como quien aviva la llama con gasolina antes que con un beso. Nada nos está permitido, y en consecuencia, no hacemos nada para socorrer el delirio censurable y amoral que molesta en la entrepierna. Que la casualidad sea causalidad, y las explicaciones un recurso innecesario, bastaría para extinguir la ausencia de todo por un tiempo.
                Como quien recicla el humo ciego y asfixiante del rencor. Como quien se procura el favor de Dios a cambio de envilecer el mundo. Como quien mira con deseo al deseo, y con morbo al desencanto. Nos entregamos a una deidad improbable, a un esclavo. Un gigante cansado y encadenado a los muros de Roma, con la patente del Vaticano. Que las iglesias sean templos, y no centros de cirugía doctrinal.

martes, 25 de octubre de 2011

A diferencia de nosotros

                A mis rodillas les faltan altares donde dejarse la piel cada tanto, santo domingo de resurrección con acento en el lunes. Si alguna vez fuimos reyes, ahora nos descubrimos arcilla en el vientre de una lombriz solitaria, ¿quién dijo que no existía el blues? Cuando los pájaros levanten el velo politoxicómano que moldea las nubes con sus alas, el viento que atraviesa no será más que ácida brisa, pura miseria esperando a que abras la ventana.  El cinismo será una enfermedad venérea, un abismo entre las palabras y un método anticonceptivo que no atienda a razones. No te quepa duda, reina, de que las oxidadas bisagras declararán la guerra al exterior, y las despedidas cabales serán un poco menos civilizadas que cuando nos lanzábamos al cuello de botellas de vidrio rotas que no andaban buscando a nadie, que simplemente estaban ahí.
                A diferencia de nosotros. 

martes, 4 de octubre de 2011

Personas con las manos en los bolsillos.

Para hoy, que el panorama se presenta negro, la lluvia es una opción. El resto se supone corpóreo, frágil, insalvable a todas luces en la medida en que el resto somos todos. ¿Para qué pervertir el cosmos con nuestros efectos espaciales, si la pandemia existencial está aquí abajo, respirando a través de incontables alientos? Mañana nunca termina, pienso, pero ya lo tengo olvidado.
Seamos sinceros, nunca fuimos parte de una armadura abandonada, ni tampoco el radio energético que la impregnaba de sol; somos simples electrones, furiosos y esquivos, buscando una razón de ser bajo el planteamiento equivocado. Entre tanto, la hora de dormir me obliga, nos entrega al día de mañana, en la medida en que mañana somos todos, pura incertidumbre.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Pantofobia

Me mezclo con la cama. Mi cabeza es una puta autopista de sabores circulares que se extiende infinitamente hasta donde alcanzan mis dedos. Desde esta posición inhumana prefiero buscarle las cosquillas a Dios que enredarme con las nubes que reptan por el cielo, dejando un rastro de baba que gotea a deshoras. Cuando se apagan las farolas la verdad sale a la luz, y es que pertenezco a mi generación, que a nadie pertenece; cansada de darle ventaja al tiempo, y tristemente, de género vulgar.
Venía pensando: “si las paredes hablaran, ¿qué dirían de mí?”. Y de pronto, el olvido se reinventa y me manda a tomar por culo  aun sabiendo que Ella estará esperando detrás de la puerta. Efectivamente, me descubro de pie y a oscuras, a falta de quitarme un calcetín, saboreando la mierda que nunca rozó mis labios y pensando: “mierda… pero qué mierda, señores”.
¿Quién, yo? Estoy un poco como un perro con chaleco reflectante atravesando la autopista, o como una mala sinfonía desayunando vino con coca-cola a las seis de la tarde. A veces ocurre, pero, ¿qué te voy a contar, tía, que no sepas ya?

martes, 23 de agosto de 2011

Que no decaiga...

... dijo desganado el decaído.

The man in me.


No necesito un coro celestial para delatar tu presencia discreta ondeando a través de la cortina, en cada habitación que trato de cruzar con las alas quemadas de tanto fumar mierda que no satisface a nadie, salvo a quienes se benefician de nuestro verano nuclear tardío. Tía, esta noche no va a pasar nada interesante, ¿para qué perder el tiempo hablando, cuando podrías estar haciendo la corte a otro bufón menos problemático? El otoño se nos viene encima, tú con esos pelos y yo con esta barba. Tú con tus sueños y yo presa de semejante erección. Solitario empalmado fumando a solas por la calle, esperando acaso la inspiración que necesitaba.
Los homínidos primarios levantan la cabeza del lodo primordial y proclaman un canto de libertad. Hay tiroteos en el Senado y las entrañas del Congreso se desploman engullidas por las llamas. Mientras tanto, una nueva vida se retuerce en el vientre luminoso de la eternidad. La gente se sienta en el césped a debatir sobre cosas mundanas: para nada o para siempre; la cama o el suelo; industrial o de liar. Estamos tan ocupados, mujer, que casi no tenemos tiempo para ejercer de persona.
Mañana será la cama quien se levante de mí, cuando todo cuanto aparenta ser, sea, y yo esté demasiado cansado para sentirme perplejo. ¿Dónde estarás tú entonces? Probablemente enseñando al tiempo a bailar, mientras un técnico especialista me explica cómo va el microondas. Perdona si desde mi casa se ve nada más que el Teide y el mar, y que mis ojos solamente sintonicen el final de mi nariz, pero no puedo evitar ser de las afueras y sentirme más lejos de todo cada vez. Sí señora, soy un vendido, un faro fundido, un mal amigo, pero un hombre bueno. Recuérdalo la próxima vez que demuestre lo contrario.

jueves, 28 de julio de 2011

Demasiado tranquilo... (clichés del cine vol. XXXII) La culpa.

Igual que en una mala sinfonía, la melodía va in crescendo –lo dije muchas veces (estaba cantado, pero nadie lo quiso contar) —, hasta alcanzar el punto de ebullición macabra donde todo cae, y tras unos segundos de perplejidad comienza el tiroteo de acusaciones. En realidad, nadie tiene la culpa.
Se trata de pequeños errores que todos cometemos con frecuencia, como por ejemplo olvidarnos de la comida del perro, equivocarnos de desvío al abandonar una rotonda, o compartir una china de hachís, sentados a la entrada de un garaje, con un travesti venezolano y su hermana menor de edad. Repito, nadie tiene la culpa.

No te sientas culpable, mujer. A ésta invito yo.

domingo, 17 de julio de 2011

Pan y circo (cantinela imberbe)

La valentía no podía ser tan repugnante. Ellos me miraban a través del mismo cristal con que me habían visto crecer; tiraron de los hilos invisibles de la voluntad; recogieron el fruto del esfuerzo ajeno no solo para engrandecerse, sino para ensombrecer al resto; y sin embargo, el dedo seguía apuntando hacia mí. Vinieron con sus textos legales, con su hierba de mala calidad y con sus condiciones e intereses a corto plazo. Los demás no salieron con vida.
A la misma hora, en otro lugar, nacía un bebé de dos cabezas. Cuando se desprendió del vientre, ya estaba muerto. Ocurre cada día.
Y ahí estaba yo, con el rabo en la mano, sabiendo que mi vida y la de millones de personas dependían de mi habilidad para apuntar y descargar sobre el objetivo. Mi objetivo. Y entonces llegaron ellos, y nuestros problemas universales pasaron a llamarse picores íntimos, y a aliviarse con pomadas. Y nosotros, tía, nos lo creímos.
A la misma hora, en el mismo circo, ellos le acreditan como ciudadano, lo encierran en una carpeta de Word y le dicen quién es. Y nosotros, tía, nos desnudamos.

lunes, 27 de junio de 2011

Mi campaña anti-pedantería repugnante, parte 1: El Cagar.

Acudir al baño con frecuencia es saludable, todo el mundo lo sabe. Cuando la tempestad asola las calles y las aceras se llenan de ceniza, me inclino sobre el inodoro, que me devuelve la mirada como si la vida estuviera dispuesta a brindarme una segunda oportunidad. Afuera, todavía es verano, y los pájaros enferman de amor, un niño ríe distraído, y el rumor de la autopista sigue siendo nada más que un rumor; ajado; solitario; lejano; mientras yo… en fin. Necesito que las condiciones sean idóneas para sentirme bien y poder iniciar sin complicaciones incómodas la recta final de la maquinaria digestiva. Necesito, entre otras cosas, silencio absoluto. Entonces, se produce el milagro, y una lágrima de orgullo paternal se descuelga por mi mejilla hasta mezclarse eternamente con mi creación. Hay veces en que debería estar prohibido tirar de la cadena, y sin embargo hay otras en que se convierte en una responsabilidad cívica. Al final, al margen de los deseos individuales, todo se reduce a la famosa frase pronunciada por Fernando Fernán Gómez, que aquí cobra un significado sorprendentemente redundante: “¡A la mierda!”.
Todos los ríos van al mar.

miércoles, 8 de junio de 2011

Gatos nuevos. Gatos viejos.

                Me invaden los ochenta. ¡Qué disparate! Después de veinte años, y todavía no he nacido. No tropecé contigo por la calle ni por casualidad (para nada me imaginé un final parecido). Así que finalmente, la de las fotos eres tú; tan amarilla, tan nostálgica; la calle se estrecha, guiño los ojos torpemente desde lejos y tus pupilas no parecen tan diferentes como decías. ¿Así que esto era la vida, fotos consumidas por los bordes? Te convido con el olvido si me invitas a fumar contigo a solas y en silencio. Demasiado ruido para un auto incomprendido, calado desde el principio hasta los huesos de los demás. Mil novecientos noventa.
                Noventa y uno.
                Y demás pretéritos imperfectos.
                Fuego cruzado. Paralelas borrachas atravesando a duras penas un eje acusador. Sentimientos a discreción como una manada de elefantes sobre la cama. Entrevistas febriles con el placer y el desconcierto arrepentido.
                Mañana, más viejos, más guapos, nos perderemos de vista para no perder la cabeza del todo, más locos que una cabra, más solos que nunca, y sin ninguna puerta donde apoyar las maletas y aporrear familiares y sonrientes, eso son privilegios reservados a la gente de bien. Nosotros somos paisajes lunares distantes, siempre lo fuimos, fotografiados por separado y reunidos por casualidad en un álbum aleatorio, en algún archivo enmohecido, lejos del alcance de los demás. Gatos auto incomprendidos.

sábado, 30 de abril de 2011

¿Para qué?

               Para que aprendas a morder la piel con rabia, sin que el jugo se pierda y con la sed del sediento agrietando tus labios, queriendo amar y ser amada, infinitamente amada. Los ayeres contemplativos reinventan el presente de modo que todo recuerdo amargo se deshace lentamente en el fruto carnoso del olvido. Mientras tanto, una sonrisa irónica se retuerce en la piedra de un mechero en llamas apenas vivo para prender un cigarro humedecido bajo la lluvia de hoy. Los dientes que lo mantienen ingrávido y combustible son ilusiones óseas, doradas, prescindibles al fin, que nada tienen, salvo este momento.
                Mi vida en cursiva, la tuya simplemente propia. Mucho más guapa que entonces, pero más indiferente que nunca, quisiste alejarme de mis vicios más inconfesables, incluyéndote a ti, o hacerme elegir. Por supuesto que las mañanas sin melodías sonrientes se convierten en miserables y vacías naves de Caronte, pero ya me conoces, no soporto los despertares sin tabaco, negar mi naturaleza miserable y vacía, o dar los buenos días para siempre. Finalmente, y como cabía esperar, me dejaste sentado con un beso impreso en los labios y un cigarro entre los dientes.

miércoles, 27 de abril de 2011

Mustard for Bastards

              Ahora es cuando el río suena. Cuando las paredes se vuelven impredecibles y las dimensiones se mezclan como una saturada salsa para los bastardos de categoría. Medina y yo (yo y Medina), deseamos que se asomen con decisión al término de la degeneración, donde empieza lo nuevo y, prestando dócil atención, tomen como suyas las baladas degeneradas de "Mostaza para Bastardos", la colaboración definitiva.

mostazaparabastardos.blogspot.com

martes, 26 de abril de 2011

¿Para qué carajo me llamaste?

               
               Porque ningún hombre merece que lo despierten de su sagrado sueño a una hora tan indecente (más o menos las diez de la mañana), para hablar de amor y otras gilipolleces pasadas:

               Me encanta perderme desvestido por tu costuras deshechas en jirones de piel tensa y electrizante, mujer, beber de tus imperfecciones para perfeccionar mi aleatoria pasión de explorador amateur y abrirme paso a lengüetazos hasta llegar a tu paladar, donde me detengo a mirar el pálpito que tiempo atrás diera por perdido, pero que en realidad, nunca supe ver. ¿Es posible que por una vez no necesite más de lo tengo? ¿Acaso esto era la primavera? Aquella parte de mí que detestaba dormir cayó rendida al pie de tu cama, y las tajantes despedidas se cansaron de viajar solas y en silencio. Qué bien que te encontré, tía.
                Y ojalá fuera verdad.
                Pero la verdad es que todavía me cuesta dormir. No siento nada por nadie, o por lo menos, no más de lo que nadie siente por mí, y hace tiempo que me deshice del recuerdo para poder pasar la tarde sin que la melancolía desgarre las paredes buscando mi complicidad. Consumo, me aburro, paseo, pero desde luego, no tengo ganas de masajear tu ego lamiéndote las heridas. Seguramente nos desvistamos con cuidado animal pero por separado, porque no quiero volver a mirar por el ojo de una aguja existencial hasta verme clavado en el centro de tu vida. Ya he estado allí. Y llegados a este punto, te pregunto…

jueves, 14 de abril de 2011

¡UH!

Uh. Parálisis facial. Maldita pose intelectual: Homero, Ovidio, Omán. Cordero existencial y tal, ¿para qué? Para nada pero sin cenar. Me pican las noticias, las novicias de primavera y las rayas de la carretera. Abertzales inmortales, iguales a la derecha católica, mongólica y la izquierda de mierda. Buena mala hierba podrida. Zurdismos de mentira. Españas, españoles y espaldas mojadas en la frontera imputada para qué o para nada. Desintoxicada.
¿Y yo qué pinto? Un paisaje al óleo, extinto, experto en petróleo y precintos, como el de mi tabaco. Pobre tabaco. Pobres impuestos impuestos, lengüetazos de Baco, respingos expuestos, niños a ratos. ¿Qué? ¡Bang! Uh…
21 años de coña.

lunes, 11 de abril de 2011

Hashīsh

Cuando todo esté permitido bajo la coacción represiva de la voluntad ajena, los labios que se presumían rojos y voraces, serán solo una imagen descompuesta en sepia, secándose en el segundo cajón del escritorio, donde las manos inquietas revuelven el pasado y consultan al olvido sobre el recuerdo. Qué locura.
Triste, como los pájaros enfermos que levantan el vuelo con dificultad, perdiéndose de vista en el lacrimal de un heroinómano melancólico. Disperso, como un niño ensimismado esperando en el asiento de atrás. Amargo, como la primavera insinuándose en cualquier esquina; ojerosa y fumadora; económica y solitaria. Indiferente, como un perro en el cine. Extraño, como los cielos que se deshacen en finas gotas de alquitrán frente a mi ventana.
Cuando los borrachos se alivien en servicios aseados y perfumen sus solapas impolutas antes de sumarse a la gente del montón, amontonada en la autopista para ir a trabajar, las miradas que antes se cruzaban igual que en un tiroteo, harán de la cama un hospital sentimental y no un campo de batalla, y eso será…
Quisiera seguir escribiendo, pero cojones, ¿para qué? Para nada. Para sí, más bien.
Hablando en plata, mi cara presenta graves síntomas de maltrato propio y ajeno y ganas, canas y voluntad de joder y que me sigan jodiendo, porque ésa es la salsa de la vida, o acaso seré una suerte de sodomita emocional. Qué más da.
A sobar todo el mundo.
Psicotropías a parte: Hachís.

“¡Jezús!”.

viernes, 18 de marzo de 2011

Gente decente

En este jardín ya no crece nada. ¿Para qué? Todo es tan imperfectamente predecible… Una flor sería menos que un racimo de pétalos indiferentes, casi una canción, la salvación de los hombres sin rostro que miran con ojos vacíos a su alrededor. Llevan el silencio cosido a los labios y la deriva perdida en la suela de sus zapatos.
                Atraviesan la ciudad en línea recta, acomodando su paso al de los demás, ocultando su desnudez a fuerza de ver caer la lluvia por el borde de sus sombreros enmohecidos. Empuñan maletines de piel que no contienen más de lo necesario. Nada. Yo los he visto, muchos de ellos son viejos amigos desconocidos. Cada día vienen y van, se suman a la humanidad para apearse al poco tiempo llenos de rabia, dolor y muerte, sin detenerse a pensar qué es lo que están buscando, si es que hay algo que buscar.
No sé si fue porque terminé de colapsarme a estas alturas tan estrechas o tal vez es que me colmé detrás del vaso, malherido por las escaleras. Porque cambié un horizonte en llamas por un horizonte a secas, o será que evité tantos rincones de cálidas promesas que ya no queda sitio para mí. De cualquier manera, tía, coincidirás conmigo en que si no hacemos algo pronto, seremos igual que ellos.
Invítame a cenar un día, porque no tengo un duro.
Y además… te necesito.

martes, 15 de marzo de 2011

El blues de mi amigo (o cuando Puchero perdió nada)

                Probablemente mañana despertarás de nuevo encerrado en ese limbo emocional con ventanas a ninguna parte. Los ignorantes de todo nos aferramos a lo que sea por no desasirnos de aquello que nos inquieta de alguna manera, porque aún así no podemos prescindir de ello. Tú simplemente no tienes palabras para definir las carencias que evidencia el vacío que dejó ella entre tus manos cada vez que se acercaba para confesarte sus secretos más inconfesables. Secretos de los que nunca formarías parte, pero qué sabré yo.
                Probablemente permitiste al desconcierto pesar sobre tus párpados y a la melancolía ser el pan de cada día. Así es como funciona el amor a la inversa. Hermano, ¿qué sabrán las chicas de las mujeres, si cuando ella recapacite diez años después, será demasiado tarde para todos?
                 Ahora, que tropezaste con el improbable final de una historia que no tuvo siquiera principio para uno de los dos litigantes sentimentales, espero que lo celebres brindando con servidor en honor a las mujeres que tan pronto se alejaron del camino empedrado de nuestra psique enferma para perderse por otros derroteros menos complicados, nos olvidaron apenas sin una lágrima, sin un recuerdo que llevar consigo a la eternidad de sus márgenes vitales.
                Probablemente sus labios no fueran cualquiera, ni su risa la indiferencia armónica de una mujer anónima. Tal vez su pelo te recordara a algo que dejaste atrás cuando ni siquiera sabías que el tiempo desplaza los recuerdos casi intactos hasta la tumba. Pero algo es seguro: mañana, en mitad del limbo emocional del desconcierto y la melancolía, una nueva historia romperá todos tus esquemas. Los disparos en callejones oscuros, en parques desiertos, o sobre colchones que huelen a perfume, son las únicas heridas a las que nunca se acostumbra uno.
                Probablemente mañana vuelva a ser nadie. Acaso un recuerdo aislado en la inmensidad de lo anecdótico, pero hasta que eso ocurra, viejo, brindemos por ellas y su irresistible perdición.

domingo, 13 de marzo de 2011

Sobre un joven verde

                Cuando perdamos la esperanza y nuestra piel se descuelgue rendida ante la intransigencia de la gravedad, la juventud será una anécdota dispersa en el trajín confuso de los días, una palabra en desuso y una punzada en el trascurso del más profundo de los silencios nocturnos.
                Nos aferraremos a las sábanas limpias con nuestros dedos secos y temblorosos, esperando encontrar alguna suerte de tranquilidad, quietud, o lo que quiera que esté buscando quien solo espera la muerte, en el viejo respirar del otro lado de la cama.
                Reconoceré mi reflejo de madrugada en el espejo del cuarto de baño mientras acaricio mi calva con resignación, y entonces recordaré que una vez tuve veinte años, el pelo largo y un sinfín de absurdas nostalgias infantiles. ¿Dónde estarás tú?
                Probablemente seremos desconocidos encantadores, dos viejos miserables resignados al cansancio de vivir en la periferia de la sociedad, donde atracan los barcos que nunca más volverán a puerto, donde los latidos se esconden detrás de unos huesos hastiados incapaces de rememorar otros tiempos.
                Ni siquiera en esos días cruzará por nuestras miradas abrumadas las malas costumbres que nos inculcamos sobre una cama y sin protección. Nuestros rostros se habrán mezclado con otras caras diferentes hasta borrarse como el tejido de un papel roto por el agua.
                Por eso, antes de que las arrugas se abracen a mis ojos y la naturaleza siga su curso hasta vernos tumbados en paz sobre una caja de madera, quería que supieras que mis adicciones siempre fueron menos tristes contigo, mis soledades más luminosas, y sí, mis libros más desordenados. Lo cierto es que te pareces a todas ellas, y sin embargo, nunca vi a nadie como tú.

jueves, 17 de febrero de 2011

Buena suerte

Hasta llegar a donde quiera que pernocte la invicta suerte, asaltaré miradas ajenas entre parpadeo y parpadeo. No serví para jugar a querer sin una puerta entreabierta a la que recurrir en caso de emergencia. Solamente sentir lo que se siente al formar parte de un paisaje compartido sin consultar inevitablemente el reloj será un horizonte casi tangible. Mi salvación.
Haciendo la digestión entre los edificios que devoran gente o en las vías del tranvía se desprende una gota de sangre azul, elevándose hasta el más sagrado de los altares, donde una deidad improbable cerrará el puño ensangrentado. Después lloverá sobre nuestras desprevenidas cabezas e ignorantes de todo, nos diremos adiós con un beso.
Apoya la cara en el cristal, mujer, tal vez sin saber que aunque las gotas están por fuera, el frío no entiende de fronteras. En el escritorio, un papel arrugado languidece con nuestros nombres escritos. Pronto seremos ceniza, menos que ceniza. Pero la vieja tinta nos sobrevivirá hasta encontrarnos de nuevo en algún segmento temporal impreciso. En alguna orilla donde rellenan cuestionarios los funcionarios. O tal vez donde pernocta la invicta derrota.

sábado, 12 de febrero de 2011

Tos de viejo

                Después de una noche de concierto, otro sábado incierto y melancólico; alcohólicos minutos y pesados sinquehaceres están tomando parte en el orden del día. Un día para descubrir las cosas que ya sabía. Que ya sabíamos todos. Para decir hoy en lugar de quizás. Rodear la marginalidad hasta llegar a la más absoluta nada y desvestirme con cuidado para volver a dormir hasta el domingo. Hasta mañana.
                Son cosas que nunca entenderías si no has escrito tu nombre a disgusto en un papel oficial. Si no has profanado urnas familiares que son ceniceros en realidad. Sin motivos aparentes para estar tan mal, pero con toda la razón del mundo.
                Y qué si quiero vomitar o derramar lágrimas de mentira sobre algún tubo de ensayo vital. No tengo nombre, no tengo cara. No tengo ganas de escribir mis palabras más cercanas para encontrarme desnudo y asustado, aferrado a los pelos de tu nuca nunca más. Y a pesar de todo, creo que te quiero, pasado, arma de doble filo. No estaré tranquilo hasta que mi encuentro con ella no evidencie la insuficiencia sentisexual de las tardes sin ti.
                Me veo en las mismas que hace casi un año me empujaron a cruzar dos veces sin condón y sin mirar. Juntos, separados, contigo, con ella. Sin poder parar de pensar que merezco un castigo peor que la culpa. La depresión. Tu mirada inquisitiva. La sangre de la pared. Ahora que tienes móvil nuevo y yo muy poco que ofrecer, invítame a salir y puede que me alcance para invitarte a un café. O a una copa cualquiera. O tendrás que pagar tú de nuevo.
                A todo se acostumbra uno, pero el destello de los coches en llamas por la autopista y las estrellas que se hilvanan dejando el cielo solo y arrugado no tienen perdón. Yo ya pagué por mis pecados de paseo marítimo para enamorados. ¿Acaso soy más guapo ahora? Vivo y enterrado, despierto pero ausente. Muerto en parte y, aparte, consciente de que mis mayores problemas tienen dos piernas de mujeres olvidadas y unos ojos que se te parecen. Sáquenme de aquí, antes de que la noche…

Será la lluvia reclamando lo que le pertenece.

martes, 8 de febrero de 2011

"Bueno, malo, loco o peligroso"


Despacito por el camino empedrado. La lluvia no obedece a nadie. Nótese el blue entre mis sienes tensas proyectado en el suelo a través del mirar disperso de mis ojos. Me cago en todo. Me aburro a mí mismo.
Despacito, no sea que tropiece y me joda algo. No sé, los cigarros se terminan y el amor es una broma. ¿De qué se supone que me voy a reír ahora? Los viejos abanderados corren, tintinean sus galones y el Sol los abrasa con desgana. Están todos muertos. Estamos contigo. ¿Hasta qué punto pueden dos manos abrirse y brillar más que…?
Una sonrisa por compromiso. Amigos de clausura. Conexiones neuronales desafortunadas. Pesadez mental. No quiero jugar más, May. No espero nada.
Podrán rebañar los viejos rencores de mis labios durante años, pero (aunque suene cursi) para ahondar en mi corazón hace falta un estómago de hierro y una máscara antigás. Sí, soy un vendido, o un faro fundido. Un mal amigo, pero un hombre bueno.
Torsos desmembrados me saludan. Me hacen guiños sus cabezas hinchadas desde el fondo del mar. Sus pies están bajo tierra. Y yo formo parte, en parte, de todo eso. Me dicen que las cosas están bien. Me tranquilizan: “Las cosas están bien”. Me tranquilizo. Pero la verdad es que nada es como debería ser.
¿Qué coño hago yo en el techo? Imaginación, pero no sé volar…
Voy a volver a vivir en un sin vivir cuando la tormenta se encamine en otra dirección. De la cama al suelo. Del consuelo al desconcierto. Lo cierto es que no sé querer. Sé lamentarme y fumar. Mucho. Sé todo lo que hay que saber como para no estar bien.
Coitus interruptus, porque nunca termino de expresar lo que realmente quiero. Ahora, lo que sí voy a pedirte es que les digas a todos que se vayan. Que se piren despacito, por el camino empedrado. Así nos encontremos algún día o muramos en el acto del propio caminar sin sentido. ¿Qué más da, tú?

sábado, 5 de febrero de 2011

Ingravedades vespertinas


Me suena malsonante, porque antes de conocernos, pena, ya me hervía la sangre y me lloraban los zapatos. Tengo problemas absurdos con personas de mierda, y todavía nadie me ha confesado cómo deshacer el silencio en gravedad cero.
Ingrávito hijo de puta… La nicotina para atrapar insectos y el alquitrán para pintarme una sonrisa. Hola. Hola. Hola. ¿Qué más quieres?
Si te abrazan las farolas al pasar, ¿qué culpa tiene Baco?
Dicen que hay mujeres que van por la calle como si no las conocieran. Que son el blanco de todas las miradas y de toda clase de perversiones nocturnas. Que salen de la ducha sin empapar las baldosas frías. Que se peinan con el viento.
También dicen que la muerte es pasajera.
Y que hay personas haciendo cola para dejar de vivir en paisajes lunares.
Aunque me suene el elemento del espejo, mi pellejo no está tan maltrecho todavía, ¿no?
La nicotina para atrapar adicciones y el alquitrán para lucir una distinguida sonrisa amarilla.

Mr. Frank


Yo es que no tengo medida. La brisa repasa las cortinas y por una vez, algo más que un cuerpo de seda se despereza en la cama con el pelo enredado entre mis sonrisas lejanas. Estoy de pie junto a la ventana, con medio cigarro menos que cuando empecé. Los proveedores de todo inician su marcha errante por los diferentes locales de la ciudad, salpicada por la quietud gris de las siete de la mañana. El imperio de los gatos se desmorona y los mastodontes del asfalto ocupan ahora su lugar.
Hay momentos que no tienen precio. Ahora que tengo quien me quiera, que no consumo, y que las depresiones son menos deprimentes, no encuentro el momento de mezclarme con el mundo, de perderme por ahí, donde ella no me pueda encontrar. Será que de nuevo soy un mantenido sentimental. Que traicioné mis principios a costa de un final feliz. Que me gusta demasiado desvestirla cien veces al día.
Medio cigarro menos. Una colilla sometida a la gravedad, unida a la ciudad tras una caía de dos pisos. Entonces vuelvo a la cama y ella vuelve del baño. Y nos volvemos a mirar, igual que antes, igual que siempre. Yo sé que me quiere con locura, y ella sabe que siempre digo la verdad.

Mentira. Todavía consumo.
Thanks, mr. Frank.

sábado, 29 de enero de 2011

Olimpos neuronales&When my end beggins to happen

¿Quién haría autostop emocional? Eso es una gilipollez. El olvido no extraña a nadie, sus manos ensangrentadas y las botas cubiertas de barro lo avalan como la memoria al revés. Será por eso que me siento un poco mareado...

When my end begins to happen, virgen María, amor de carnicería, no te olvides de mí. Aunque las montañas se retuerzan bajo tierra y los Hados, helados, reclamen tus huellas cansadas de nada; horadantes de arena; caminantes sombrías.
           
Caladas pasadas y bocanadas de histeria.
Amor descompensado, senos desiguales.
Cien buenos días buenos menos que los demás.
Y latas que se patean solas.
Y ratas que vuelan.
Lejos.
En el horizonte.

            Aunque seamos payasos con sonrisa de carmín en el ensayo de un final feliz, o navíos distantes pisando la orilla del mar. Eternidades sin gloria. Verdades como puñales. Habituales del absurdo y la miseria.

La geometría es un invento y mi cabeza está al otro extremo de mis pies.
            Nada salpica a lo que se extingue, y por lo tanto, nada se pierde jamás.


jueves, 27 de enero de 2011

Última despedida n. 107 (2011 hope)

Afuera el color de la lluvia salpicaba todos los edificios y los coches. El asfalto se empapó de recuerdos. Las miradas se perdían entre la niebla y los limbos emocionales ya no parecían tan distantes. Nada había cambiado, y sin embargo…
Al escuchar mi nombre me sacudí esos pensamientos de la cabeza y la miré despeinado. Seguía siendo ella, la misma de siempre. Sonaba de fondo un blues clásico perfectamente acompasado con sus sonrisas distantes a través del humo del café. El último trago siempre es el más amargo.
“Hoy te toca invitar a ti”. Me dijo que él era todo lo que yo nunca fui. Ya no tenía que preocuparse preguntándose a solas y en medio de la calle si llegará o no. Si estará demasiado intoxicado para poder hablar por teléfono o si andará frecuentando camas ajenas. Eso sí, “Ale, contigo nunca me aburría”. Joder, qué orgullo.
Afuera el color de la lluvia amenazaba con devorarnos si abríamos el paraguas, pero combatimos el gris perpetuo con el rojo fuego, y por una vez, después de tanto tiempo, vencimos. La invité a pasar a mi coche. Entonces la besé. “Eres la persona más adictiva que conozco”.
Y tú también, tía. Tú también.
Al final, y como siempre, nos despedimos para siempre. Hasta siempre. Hasta la próxima.

“Cuando me voy lejos
No duerme sola.
Ni lo pido porque sé
Que soñará conmigo.”

martes, 25 de enero de 2011

Bocanadas de nada


No me busques la vida, encuéntrame las cosquillas. Hazme ver el vaho que se abraza a las ventanas y pégame al cristal con tu saliva. Después enciende un cigarro para compartir.
            Véndame los ojos para que pueda mirarte sin prejuicios y llévame hasta el borde de la cama, donde el sudor se sacia. Despiértame en sueños si ves que me alejo del reflejo vidrioso de tus pupilas y clávame las uñas en la espalda para que no me quiera ir.
            Y vístete despacio. Quiero pensar que soy yo quien tiene prisa, aunque nunca sea así. Regálame un mal beso y di hasta mañana, aunque mañana quede lejos. A veces es mejor mentir.
           
No todo lo mío es tuyo, pero si quieres te lo presto. Y esta vez, SÍ va por ti.

Dragón de mierda y espirales nucleares


Personalidades pretéritas agavillan sus dedos fantasmales formando un lecho compacto donde anida el recuerdo.

            Mira qué bien le siento a la mala vida. Habrá que buscar un remedio coherente, porque últimamente no me aguanto. Me parto la cara con cualquiera que te guiñe el ojo y me arrojo si se lo guiñas tú también. Son las mismas pequeñas putadas que no tienen sentido para muchos, pero para mí… siempre fue diferente.
            En el colegio me enseñaron que pase lo que pase, la culpa la tengo yo. Por eso algunas veces me despierto con el cráneo abierto y la almohada cubierta de serpentina. Habrá que encontrar un amor que nos sobreviva, casi momificados, más allá de las uñas, el pelo y los dientes amarillos. Cadáveres de la mano, de labios secos, entrelazados en un nicho y atravesados por gusanos.
            Porque no queda nada más que un dragón de agua; espirales ajadas; una madre deshecha; y familiares calientes acomodados en urnas de porcelana que sirven también como cenicero. Porque no quedan más que personas que olvidé antes de poder recordarlas. Porque coincidir hoy con sus ojos fue como querer atravesar un vidrio con la mirada. Y no pasa nada.

            …y entonces me sobrevino como un soplo la súbita inmediatez de la memoria. El desierto helado del hastío. Los abortos nonatos del amor pasado de güisqui.

lunes, 24 de enero de 2011

Mustard for bastards

            De Señores Bastardos a su distinguido Usted:

            El espectáculo más cruel, miserable, degenerado y ruin desde que se inventó la política.
            En breve, usted y su familia podrán disfrutar de nuestros Enemas Literarios y ser testigos de Acciones que degeneran en una mayor Degeneración. No olvide traer a su esposa.
            Pasen y vean, coño. Mostaza para bastardos es lo que necesita. ¿A que no lo sabía?
            Descuartice a sus hijos. Muérase de envidia. Beba hasta reventar el hígado.
            Dróguese, mienta, eche a correr desnudo por el centro comercial.
            Encuéntrese de nuevo con todo aquello que siempre soñó pensar pero nunca tuvo el valor.
        
            P.D.: No olvide traer a su esposa, cabrón enfermizo.
       
      
            That's life... Thats what all the people say...

sábado, 22 de enero de 2011

Que te follen, coração


Si ves que me rompo no dejes que nadie recoja mis pedazos.
Las lágrimas se secan solas y la melancolía se desprenderá de los días y de los segundos.
Pero, ¿cómo olvidar las horas interminables mirando el reloj? El olor a tabaco de nuestros labios cansados. Las ojeras alfombrando la comisura de la vida que llevamos, y a la vez, envolviendo nuestro idilio con un halo siniestro que siempre estaba ahí.
Nos pertenecimos eternamente, pero la eternidad duró poco.
Descuidé nuestra promesa reconociendo curvas ajenas en colchones distantes donde no cabías tú. Fueron buenos tiempos para el delirio, pero una masacre para el amor.
Por eso no quiero que me llames ni que me encames nunca más. Prefiero sacar brillo a mi autoestima a través de una pobre erección en solitario que recapitular dos años de roces y mujeres insatisfechas. De mutuas mentiras y acuerdos por la culata.
Mejor vivir en un sin vivir antes que reconocer la  inexistencia del olvido.
Resumiendo: Que te follen, coração.
Ayer mismo me crucé con tu modelo de pantalones. Creo que me reconoció porque apartó la mirada en cuanto se dio cuenta de que andaba un poco borracho. ¿Le hablas tanto de mí como a los demás?
No quiero que pienses que todavía te quiero, ni que no vivo esperando tu próxima llamada. Solamente necesito a alguien con quien hablar. Pero es probable que me ignores y te rías de mis miserias, como solía hacer yo contigo.
Ahora mismo estoy divido, colocado, y pensando a ratos en otras mujeres que no tienen nombre. Que no me esperan. Que me preguntan por mi vida sin que a ninguno de los dos nos importe una mierda.
Así están las cosas.
Por eso me veo en la obligación de despedirme, como no podía ser de otra manera, con un beso y un “que te follen, coração”.

miércoles, 19 de enero de 2011

Dejar de fumar (medio cigarro)

Quítate los tacones primero, ¿para qué descuidar el silencio? Luego suéltate la coleta.
Desembarázate del vestido, pero no olvides expulsar los complejos y las excusas en una profunda tos. Escúpemelo todo en la cara, cariño, quiero chorrear mierda hasta que se me mezcle con el sudor.

Todo lo demás no existe porque no hay nada que esté a su altura, así que la invito a pasar, y luego me invita ella a mí, y entonces ocurre que me pierdo entre tantas curvas leves y accidentadas perfecciones, como un explorador inexperto. Y me sumerjo. Y voy y vengo. Pero siempre para quedarme.
Entro hasta donde puedo y aguanto malamente la presión de sus labios multiplicados acariciando las comisuras de mi corteza cerebral. Todo lo demás son contextos innecesarios para malvivir.
Y sin que pueda darme cuenta, libero la libido que ahoga los temblores y los jadeos en un mar de carne caliente destinada a enfriarse poco a poco. A perderse por ahí en lo que dura la mitad de un cigarro que no pienso apagar por nadie.
Pero, por si acaso y mientras sueñe contigo, no me pidas que deje de fumar porque igual lo consigo.

Tomando Lisboa ep. 0910


Si al final invado Portugal voy a regalarte un cacho para que no me tengas que soportar cuando esté borracho.
Muerdo de nuevo la arena con las suelas de mis zapatos y la sangre de mis venas. Aprieto el puño para que la tristeza no se me escape, no sea que me quede a solas con la soledad. Ay, Jesús, Dios no lo quiera.
Hay personas que olvidé sin tiempo para recordarlas, porque en esta playa sobran vistas pero no hay horas donde agarrarme si me quiero quedar con ella. Además, casi prefiero dormir que vivir de largos paseos y besos bajo la lluvia.
Si al final invado Portugal voy a regalarte un hueso para que aprendas a dosificar la pasión y todo eso.
Mastico mis heridas para recordar que las cartas buenas no son las mejores, y que las mejores están en manos de otros jugadores. Moisés, liberaste a tu pueblo y separaste las aguas, y eso está bien, pero, ¿dónde están las tablas?
Si resulta que por causalidad invado Portugal, buffet libre de toallas... para todos.

martes, 18 de enero de 2011

La Prórroga: Unas horas de gloria


            Despiértame, tía, pero muy poco a poco, no sea que me asuste y mi aliento te asesine, y el tiempo te deprima, y yo empiece a marcharme.
            ¿Cuántas veces me arañaste los extremos en mitad de la liturgia sexual que practicábamos día sí, día también? Diciembres incesantes y eneros raros me llenan la cabeza de pájaros errantes que se largan con cualquiera sin recoger sus cagadas antes.
            ¿Para qué me llamas, si sabías que quería hablar? Gracias por nada, morena. Gracias por nada.
            Llegas tarde, pero por la mañana estoy tan caliente que al menor roce me corro y me recorro con un arcoíris unidireccional en donde te encuentro sin querer. Welcome to my perversión.
            Después de tanto tiempo, sigo igual. Me cuentan que tienes novio nuevo con dos huevos como carretas. Eso está bien. Antes éramos más flacos, más guapos y un poco menos libres. Sin embargo, no había cama que se nos resistiera. ¿Te acuerdas?
            Y ahora estamos aquí de nuevo. Como ves, ya no abuso tanto de ciertas sustancias y me levanto y me ducho y me afeito todos los días. No paso la noche escribiendo gilipolleces ni asaltando casas ajenas donde tú no podías entrar. Hay quien dice que incluso parezco más despierto.
            Perdón por el revolcón, amor. No haberme llamado.

Hasta siempre.

Alegre jauría de canto

En una caja de pino custodiada por pingüinos depresivos que ponga: “¡Señor Castro! ¡Bienvenido!”, iré a buscarte, cruzando este océano polar que nos separa, para parar delante de tu casa, estático sobre un felpudo que diga: “Y no me vuelvas a llamar”.
Rodaré ladera abajo con mis botas chirriantes y tal vez me integre del todo en un Todo a Cien coronándome como vendedor del mes para suplir el vacío que dejaron tus pestañeos distraídos en los agujeros humeantes de mi camisa. ¡Bang!

Los pétalos que caen
Secos de las rosas muertas
Son un poco menos crueles
Solo cuando tú estás cerca.

En una caja de pino custodiada por cortinas de lino, haré desplegar la mosquitera de cristal en mitad de la carretera con tu nombre mal escrito, sin prisas pero sin pausas y sin conocimiento de causa. Siempre con la mente en otro sitio. Tú ya sabes cómo soy.
Y si me canso, me detengo en el oasis existencial o en otras palabras, dos décadas de soledad, que me avalan como caballero pseudo-senil y mal hallado, siempre interesado en volver a morir, para rascarle el viento al tiempo, y encontrar un hueco para llenarte, tal día como hoy.

domingo, 16 de enero de 2011

Veneno de menos y tú también

No existe la receta perfecta, además, la cocina no es ningún arte.
(Interferencias)
La cocina no es ningún arte.

Don Dealer (el doctor) y sus remedios sobrenaturales me rescataron de mi mismo cuando ya por la tarde parecía ser (valga la redención) demasiado tarde. Esa noche aprendí que el tiempo no tiene paciencia, pero yo menos.
Una cura de amor, por favor. ¿Qué amor?
El desamor propio me ablanda las sienes y me deprime.
A veces no puedo dormir.
Y a veces no puedo ni pensar en levantarme.

Sí, no sé por qué hay días en que tú me olvidarías y yo me olvido un poco de ti.
A veces viajo a unas velocidades... y por la tarde ya es tarde para arrepentirse.
Paca y cama, pero nunca al revés.
Espera un momento.
¿Quién eres tú? There must be…
De verdad, sácame de aquí.

El camino desapercibido también me persigue. Y los olvidos desaprensivos. Y las proposiciones desagradables.
Con un corazón a prueba de bombas, me sumo al bombardeo de mi cerebro. ¿Pastillas? No, mejor nos ponemos a liar. Mucho mejor así. Mejor nos ponemos a charlar.

¿Qué puedo hacer YO por TI, mujer? No sé qué significa eternidad, porque se me ocurre que no existe una distancia tan abismal entre mi ego y la mañana siguiente.
Si quieres podemos decir hasta donde sea, hasta cuando sea, hasta cuando veas. Pero nunca para siempre. Para nada.
Pero "para qué", esa sí me gusta.
Y tú también.

Aunque no exista la receta perfecta, hay imperfecciones que se le parecen, ¿o no?

martes, 11 de enero de 2011

¿Qué estoy haciendo yo aquí?

Ésta no es mi casa, pero mis recuerdos quedaron tan ajados, tan lejanos, que no puedo estar seguro de nada.
Tengo que salir. Y salgo.
Cierro la puerta. Y me voy.
Así son estas cosas.

Me hubiera gustado haber nacido comprometido con el olvido. Pero, ¿cómo olvidar la distancia? Soy quien soy. Nadie más.

¿Qué hace aquí esta gente? ¿Quién eres tú? No voy a volver a sacar los pies de la cama hasta estar convencido de que todos los desconocidos que me rodean no se llaman igual que yo.
Por eso no quiero consuelos vagos, ni palabritas sinceras de amor fraternal. Tampoco quiero mujeres florero, ni familiares desnaturalizados cenando en silencio por navidad.

Estoy mirando a través de un cristal desesperado, intentando ver. Intentando trascender de él para llegar a cualquier conclusión. No me malinterpretes, no estoy triste. Solamente necesito sentarme un rato, aliviar esta revolución estomacal y encender un cigarro en las ruinas recientes de Technotown. A veces me siento un poco como un puerto abandonado. Y no pasa nada, veneno, y no passsa nada.

“Para curar heridas por hacer”.
Para nada.
Para siempre.
¿Para qué?


Era un puerto añejo.
En los destellos de cristales rotos
Hablaban los muros sin hacer ruido.
Y esparcidos en bodegas errantes,
Cristalizan los olvidos que antes
Fueran flor de un recuerdo sumergido.

domingo, 9 de enero de 2011

Palabras peligrosas


Las palabras que no admiten devolución son como las promesas grabadas en piedra que no debieran sellarse con un apretón de manos, sino de cintura.
Igual que un fotógrafo amateur recreándose en tus imperfecciones, me quedo sin decir nada para que puedas escucharlo todo. Incluso mis latidos podridos de nicotina y alquitrán.
Pero hoy no.
            Quise ser un nómada. Y nómada fui.
            Quise ser un animal. Y no me ha ido mal.
            Pero hay cosas que no cambian nunca. Hay palabras peligrosas como para nada o para siempre que se amontonan en la garganta antes de dormir. Y hay mañanas que me tosen con desgana.
            No sé qué parte de la soledad te hizo tanto mal, mujer, pero igual es la culpable de que te aferres a tus cadenas de humo, que envuelven el calendario y te ofrecen su compañía incondicional para nada, para siempre.
Pudiste ser…
Y yo pude haber sido.
Pero la madrugada respira mientras yo fumo y me delata la misma sonrisa que a esta hora tardía descubre mi verdadera cara. No estén tristes. No. Por mí. No.
¿Cómo puedes pensar que no somos un accidente si di con tu boca como quien recoge una tempestad del suelo? Probaré sabanas propias y ajenas hasta que los pliegues que las recorren me revelen la verdad que ocultaban, o me desvelen cuando te hayas ido.
            Pero, ya que estás aquí, quédate un rato. No pido más.

viernes, 7 de enero de 2011

Pelvis Pelvis

Es un estado en que la materia se corroe para nunca más volver por donde vino.
Perdón, se me juntó la resaca con el vino y Pelvis Pelvis fue la canción que ideé.
Igual no la mejor del mundo igual.
Pero Pelvis Pelvis, pubis angelical.
La encontré perdida en el verano, you know?, en la agonía de la navidad. What the hell's that bloody shit, Castro Mambo, or don't care that? Oh, mama...
Era una manera de contar que no iba a encamarla nunca más. Que no sé querer, pero sé volverme loco, joder, por una mujer. Where are you tonight, sweet Marie? Grow up now, oh, please, you plant, just for me.
Era una manera de pisar la calle sin tocar las baldosas. Suavemente. Interminablemente.
Bang, bang, bang, bang.
Y se reía.
Y yo lloraba.
El desierto estaba muerto
y los camellos daban buena cuenta de ello.
Oh, mamama.
Era una manera de contarle que NO era especial. O de marcharme, sin cerrar la puerta de todo. Un final sin principios o el principio del final.
Reina, que me piro. No me dispares hasta que me haya ido.
Bang, bang, bang, bang.
Y te reías, pubis angelical.
Sangre.
Amor.
Necesidad.

miércoles, 5 de enero de 2011

Tenía que pasar. Y pasó.

Primero vino el champán que pretendí (ingenuo de mí) verter sobre ella, horas antes de que el azar descartara esa posibilidad. Después llegó el vino y la degeneración.
Miles de pastillas de sabores girando a mis pies como un arcoiris enloquecido. ¿Estás en la vida, Ale?
Mis amigos y yo.
Yo y mis amigos.
Quisimos volar, y elegimos aspirar disolvente para que la realidad no lastrase nuestras alas enfermas.
Ardió la mesa. Rompimos botellas. Condujimos al borde de la tragedia y propusimos sexo a la persona equivocada.
No quedó, en mi casa, váter sin estrenar, cenicero sin ceniza, o locura sin desbordar.
Son tantos los recuerdos póstumos. Las confidencias turbias. La guitarra impactando contra el suelo. Tantas cosas que no recuerdo, y tan pocas de las que, a pesar del daño, me arrepiento.
Tenía que pasar. Y pasó. Mordimos nuestra propia cola y nos hundimos del todo en nuestros miserables excesos. No está tan mal, ¿sabes?
Pero son muy tristes las mañanas.

martes, 4 de enero de 2011

Estoy tó loco


¿Quieres que estalle? El asfalto se levanta para que no me calle, pero, ¿cómo voy a cerrar la boca si la tuya no para de existir?
Puedo morirme mil veces, y tal vez una sea por ti. Dedicarte mis lindezas más arrepentidas o vomitar en tu vestido cuando intente besarte. Ya sabes cómo son estas cosas.
Me duele la cabeza.
La barriga.
Y nada más.
¿Qué quieres que te diga? No puedo evitar perder los papeles y recorrer las paredes esperando que derribes la puerta y me rompas la cara.
También puedo ejercer de tu sombra, pero no me mires con asco, si según te dé el Sol, me enredo en tu silueta y me pierdo por tus leves derroteros. Ya sabes cómo son estas cosas al final.

Estoy tó loco. Y tú también.

domingo, 2 de enero de 2011

San Lucas (para los amantes de poca fe)

Llevo sin dormir un tiempo.
Llevo un tiempo sin dormir.
No hagan tratos con mi pena como si fuera un favor aguantarme.
Llevo dos días sin dormir
o casi desde 2010.
Llevo los dolores nuevos dando lengüetazos a los viejos (verdes).
Pero no me malintrepetes, tía.
No me quejo. No me quejo.
Muchas personas que perder.
Pocos perdones que pedir.
¿San Lucas? ¿Y quién es ese? Otro para la colección de trinos
de la Santísima Trinidad.
La virgen no lo era tanto
Al final.
Razón me diste tanto champagne,
Morena.
Razón me diste tanto champagne.

"C'mon give it to me
I'll keep it with mine."

Aquella noche vino.
Aquella noche güisqui.
Aquella noche vino, pero se marchó.
Y tú, que no me conoces, dame más de beber.
A veces hablas demasiado. Cállate ya.
A veces a voces, a base de silencios tal vez,
pero nunca con razón.
Cállate, morena, quiero echarla de menos
en paz, fingiendo que te pareces un poco.
San Lucas, San Santo y Santo y nada más.