lunes, 25 de marzo de 2019

¿¿¿QUÉ DÍA ES HOY???


¿Qué más puedo decir, después de haberme hundido tan alto? Se vuelve a fumar en la punta de los dedos, en la Media Luna Fértil de este tiempo… ¿mejor? Desde luego, me siento mejor —mucho mejor— que un trapo: me deslizo sobre la suciedad, sí, y no me sobra de nada. Así que tendrás que invitarme a cenar o largarte, todavía no lo he decidido. En fin, me levanto del suelo, aún maltrecho, y me desmorono escaleras arriba, que es lo mío. (A veces, arriba es abajo). Quizá por eso algunas mañanas no puedo moverme. Y, sin embargo, ya sabes, tengo que hacerlo.

¿Se puede saber de qué te ríes? La noche está llena de hormigas que me recorren en sueños.

¿Qué más puedo decir, si casi perdí la vista escudriñando mi propia nunca ante el espejo? Sí, y me dejé las uñas y hasta la piel de los nudillos recluido entre dos enormes signos de interrogación, ¿pasa algo? Sí, y también tuve que dejar pasar varios trenes para encontrar mi gentilicio. Mi gentilicio, ¿te imaginas? ¿Y ahora, qué? ¿Se puede saber qué hago yo con eso? Total, que no me has dicho nada de mis zapatos nuevos, pero puedo apreciar el silbido metálico de los pájaros muertos. Su melodía de amor y tiempo perdido nos hace envejecer rápidamente.

No sé, quizá sea mi culpa que por ti no pasen los años. La noche está llena de hormigas que me escupen al pasar.

Pero ¿qué más puedo decir? Ha pasado tanto tiempo… Sí, desde que la luz amarillenta de las farolas se derramó sobre nuestros rostros enfermos. Lo recuerdo bien: la nostalgia ya acariciaba las esquinas de los árboles secos, afilados, aun antes de que todo terminara. Pero ¿realmente ocurrió de esa forma? La verdad es que, por aquel entonces, no podía dejar de mirarte —ni de toser—, así que tuve que inventarme los detalles. Y, ahora, deprisa, avisa a los bomberos (¿no ves que estoy en llamas?) y diles que soy un caballo loco, el rey de la autopista.

Igual son los otros quienes sueñan con insectos, ¿quién sabe? La noche está llena de hormigas que se esfuman al amanecer.