martes, 28 de diciembre de 2010

Mañanas con T / Paisajes lunares


Soldado que huye sirve para otra guerra. Perro que regresa después de Navidad no tiene precio. También hay besos que valen oro, aunque el oro es algo muy relativo.
¿Cuántos quilos hemos ganado? ¿Cuántas cosas habremos perdido por el camino? La verdad, no lo sé, y parece mentira que nadie se dé cuenta.
Imprégname, miss T, de tus pinceladas de pasado, que tanto bien me hicieron cuando todo era más fácil. Aun tengo presente la promesa tardía que te hice al escribir para ti mientras dormías procurando soñar lo menos posible.
Todo está más negro ahora.
No es que te eche de menos, tía, no me subestimes, pero estarás de acuerdo conmigo en que algunas madrugadas no tienen vergüenza.
Mañanas de café y tabaco, despeinados y abandonados en un bar, después de habernos degenerado durante toda la noche bajo el papel arrugado de nuestra libertad. A veces dormíamos en Tacoronte, donde el frío era el menor de nuestros problemas. Otras veces lo hacíamos en La Laguna, y siempre sin protección.

Ahora no somos nadie. Entonces éramos  6.972.688.217 personas en una habitación.


¿Y qué me dices ti? Me gusta cuando finges ser una mujer porque yo suelo fingir ser un niño. Tus cadenas son mis cadenas, pero tus ojos no tienen la fuerza vinculante que me obliga a quedarme satisfaciendo tus deseos. Las cosas como son.
No voy a ser un caballero si no me das un poco de cuartel para instruirme en el noble arte de la seducción de quimeras. No voy a ser nadie si no me animas a contradecirme, y no voy a rescatarte de ninguna torre porque tus ruinas se desmoronan sin ayuda.
A parte, he de reconocer que tampoco soy ningún justiciero sentisexual, ni una boca de alcantarilla.
Hay abismos que merecen robarle alguna caricia al viento, y hay centímetros al borde del delirio que… ¿por qué no habrían de perder la cabeza del todo?
Ven, pero no olvides no arrepentirte jamás de lo que pudiste haber hecho. Y lo que es más importante, no te olvides de hacerlo.

martes, 21 de diciembre de 2010

Todas ellas

Fuimos bárbaros entrando en Roma y soldados imperiales asediando Cartago. Fuimos la luz de los quirófanos y también un escape de gas en el hospital. Tú fuiste la viva imagen de la lluvia y yo las gotas muertas en el cristal.
Fuimos camellos en busca de un oasis y un oasis sin Guardia Civil. Fuimos armas de destrucción masiva y una masa en plena reconciliación. En el suelo, en la mesa y en el sillón. Fuimos santos inocentes y también un poco Herodes. Tú fuiste un golpe de efecto y yo un efecto acción-degeneración.
Fuimos todo y fuimos nada. Fuimos frustraciones reventadas y ganas de correr. Fuimos vientos sin sentimientos y huracanes emocionales en plena expansión. Fuimos, en principio, una tarde de mierda y una mierda de noche al final. Tú fuiste un horno industrial y yo la chimenea por la que expulsar tus cenizas.
Fuimos un poco de tu planeta y un poco de mi casa. Fuimos orgullo y debilidad. Vanidad e hipertensión. Fuimos camisas por los aires, zapatos sin rumbo y farolas abrazadas, esperando el último destello de uno de los dos. Sí,  fuimos dos, y fuimos tres y cinco. Pero nadie decía nada, porque tú fuiste un diamante en bruto, y yo el bruto de tu amante. De tu novio. De tu pasado.
La culpa fue de todas, pero todas saben lo bien que miento. A veces son ninguna, y otras veces se manifiestan a la vez, ensuciando las paredes de mi cabeza. Ponen los pies en mi corazón y se ríen de mi forma de recordarlas. Todas fueron mucho mejores que yo, pero nunca diré nada. Ellas se acordarán siempre.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Ernesto, la novia sordomuda y el saldo.

Pelirroja, para de moverte de una esquina a otra, pisando cables y crisantemos reventados por tus botas. ¿No ves que en mi cabeza no hay sitio para los dos?
Cómo brilla la Luna sobre las noches sordomudas. Se deja caer por tu silueta y regresa a rebañar tus labios antes de perderse por la ventana, haciendo ondear las cortinas a su paso.
¿A quién le importa que no puedas regalar obscenidades con una voz melodiosa y embriagadora, ni gritarme desnuda desde el bacón que olvidé recoger los calzoncillos del microondas, si el vaivén de tus pestañeos abanicando al de tus caderas es el canto más cruel, áspero, melodioso y embriagador que he probado en mi vida?
Y sin embargo, y a la vista de tus múltiples encantos y virtudes, no puedo evitar pensar que este mes, la factura del teléfono la vas a pagar tú. Los mensajes de texto no paran de llegar, y mi pobre móvil apenas se tiene en pie; mensajes hirientes, cansados, llenos de ternura y también de pasión sordomuda, y todos exigen respuesta. Nadie tiene tanto aguante frente las arremetidas de una mujer. Nadie.
Después de tanto tiempo juntos, mi casa es una caja de zapatos. Tuve que dejar de fumar–solo para ti–y empeñar todos los muebles e incluso los ceniceros, después de que me comiera la ceniza. El mono puede ser muy duro, incluso más que las horas extras en el acuario. Mi sueldo es mi saldo. Cuando frente a un escaparte, de madrugada, te sequé las lágrimas y te dije que el amor no tiene precio, no sabía dónde me estaba metiendo.
            Y ahora, arruinado y solo, contemplo las viejas fotos del móvil. Echo de menos ese icono en forma de sobre parpadeando en la pantalla porque tenía el buzón de entrada lleno, a veces cómplice de tu delirio febril, otras por la avaricia del banco. Tu pelo, la levedad de tu forma de caminar y las miradas a oscuras que se reían de la mañana también me atormentan de manera preocupante.
            Y ahora, arruinado y solo, sigo pensando cómo pudiste hacerme esto a mí. Yo, que renuncié a la gomina e incluso al agua caliente para satisfacer tus necesidades comunicativas. Que te quise tanto…
            Seguro que en este momento estás con él, tumbada en el sillón, mientras tu nuevo amor, con sus setenta años, recorre las teclas del piano en ayunas después de haberse recorrido interminablemente contigo como solíamos hacer nosotros.
Pero lo peor es el gusto amargo que gotea hasta de las paredes con la convicción de que no vas a volver. Porque, ¿qué puede hacer el limpiador del acuario contra un bluesman ciego?

Voy a salir


Meteorito, desenfreno O catarsis lunar.
Acabo de salir, preciosa. Pero más tarde (como una eternidad) estaré por aquí otra vez.

[[ Año nuevo, cómo te ensañas, descongelando una lasaña para compartir con el perro ]]

"¿Dónde vas, cabrón?", grita ella.
"¡Que me olvides, coño!"

Ownimalidad encontrada. La India salvaje. Meteorito, desenfreno extravagante (Y) simiente lunar.