sábado, 29 de enero de 2011

Olimpos neuronales&When my end beggins to happen

¿Quién haría autostop emocional? Eso es una gilipollez. El olvido no extraña a nadie, sus manos ensangrentadas y las botas cubiertas de barro lo avalan como la memoria al revés. Será por eso que me siento un poco mareado...

When my end begins to happen, virgen María, amor de carnicería, no te olvides de mí. Aunque las montañas se retuerzan bajo tierra y los Hados, helados, reclamen tus huellas cansadas de nada; horadantes de arena; caminantes sombrías.
           
Caladas pasadas y bocanadas de histeria.
Amor descompensado, senos desiguales.
Cien buenos días buenos menos que los demás.
Y latas que se patean solas.
Y ratas que vuelan.
Lejos.
En el horizonte.

            Aunque seamos payasos con sonrisa de carmín en el ensayo de un final feliz, o navíos distantes pisando la orilla del mar. Eternidades sin gloria. Verdades como puñales. Habituales del absurdo y la miseria.

La geometría es un invento y mi cabeza está al otro extremo de mis pies.
            Nada salpica a lo que se extingue, y por lo tanto, nada se pierde jamás.


jueves, 27 de enero de 2011

Última despedida n. 107 (2011 hope)

Afuera el color de la lluvia salpicaba todos los edificios y los coches. El asfalto se empapó de recuerdos. Las miradas se perdían entre la niebla y los limbos emocionales ya no parecían tan distantes. Nada había cambiado, y sin embargo…
Al escuchar mi nombre me sacudí esos pensamientos de la cabeza y la miré despeinado. Seguía siendo ella, la misma de siempre. Sonaba de fondo un blues clásico perfectamente acompasado con sus sonrisas distantes a través del humo del café. El último trago siempre es el más amargo.
“Hoy te toca invitar a ti”. Me dijo que él era todo lo que yo nunca fui. Ya no tenía que preocuparse preguntándose a solas y en medio de la calle si llegará o no. Si estará demasiado intoxicado para poder hablar por teléfono o si andará frecuentando camas ajenas. Eso sí, “Ale, contigo nunca me aburría”. Joder, qué orgullo.
Afuera el color de la lluvia amenazaba con devorarnos si abríamos el paraguas, pero combatimos el gris perpetuo con el rojo fuego, y por una vez, después de tanto tiempo, vencimos. La invité a pasar a mi coche. Entonces la besé. “Eres la persona más adictiva que conozco”.
Y tú también, tía. Tú también.
Al final, y como siempre, nos despedimos para siempre. Hasta siempre. Hasta la próxima.

“Cuando me voy lejos
No duerme sola.
Ni lo pido porque sé
Que soñará conmigo.”

martes, 25 de enero de 2011

Bocanadas de nada


No me busques la vida, encuéntrame las cosquillas. Hazme ver el vaho que se abraza a las ventanas y pégame al cristal con tu saliva. Después enciende un cigarro para compartir.
            Véndame los ojos para que pueda mirarte sin prejuicios y llévame hasta el borde de la cama, donde el sudor se sacia. Despiértame en sueños si ves que me alejo del reflejo vidrioso de tus pupilas y clávame las uñas en la espalda para que no me quiera ir.
            Y vístete despacio. Quiero pensar que soy yo quien tiene prisa, aunque nunca sea así. Regálame un mal beso y di hasta mañana, aunque mañana quede lejos. A veces es mejor mentir.
           
No todo lo mío es tuyo, pero si quieres te lo presto. Y esta vez, SÍ va por ti.

Dragón de mierda y espirales nucleares


Personalidades pretéritas agavillan sus dedos fantasmales formando un lecho compacto donde anida el recuerdo.

            Mira qué bien le siento a la mala vida. Habrá que buscar un remedio coherente, porque últimamente no me aguanto. Me parto la cara con cualquiera que te guiñe el ojo y me arrojo si se lo guiñas tú también. Son las mismas pequeñas putadas que no tienen sentido para muchos, pero para mí… siempre fue diferente.
            En el colegio me enseñaron que pase lo que pase, la culpa la tengo yo. Por eso algunas veces me despierto con el cráneo abierto y la almohada cubierta de serpentina. Habrá que encontrar un amor que nos sobreviva, casi momificados, más allá de las uñas, el pelo y los dientes amarillos. Cadáveres de la mano, de labios secos, entrelazados en un nicho y atravesados por gusanos.
            Porque no queda nada más que un dragón de agua; espirales ajadas; una madre deshecha; y familiares calientes acomodados en urnas de porcelana que sirven también como cenicero. Porque no quedan más que personas que olvidé antes de poder recordarlas. Porque coincidir hoy con sus ojos fue como querer atravesar un vidrio con la mirada. Y no pasa nada.

            …y entonces me sobrevino como un soplo la súbita inmediatez de la memoria. El desierto helado del hastío. Los abortos nonatos del amor pasado de güisqui.

lunes, 24 de enero de 2011

Mustard for bastards

            De Señores Bastardos a su distinguido Usted:

            El espectáculo más cruel, miserable, degenerado y ruin desde que se inventó la política.
            En breve, usted y su familia podrán disfrutar de nuestros Enemas Literarios y ser testigos de Acciones que degeneran en una mayor Degeneración. No olvide traer a su esposa.
            Pasen y vean, coño. Mostaza para bastardos es lo que necesita. ¿A que no lo sabía?
            Descuartice a sus hijos. Muérase de envidia. Beba hasta reventar el hígado.
            Dróguese, mienta, eche a correr desnudo por el centro comercial.
            Encuéntrese de nuevo con todo aquello que siempre soñó pensar pero nunca tuvo el valor.
        
            P.D.: No olvide traer a su esposa, cabrón enfermizo.
       
      
            That's life... Thats what all the people say...

sábado, 22 de enero de 2011

Que te follen, coração


Si ves que me rompo no dejes que nadie recoja mis pedazos.
Las lágrimas se secan solas y la melancolía se desprenderá de los días y de los segundos.
Pero, ¿cómo olvidar las horas interminables mirando el reloj? El olor a tabaco de nuestros labios cansados. Las ojeras alfombrando la comisura de la vida que llevamos, y a la vez, envolviendo nuestro idilio con un halo siniestro que siempre estaba ahí.
Nos pertenecimos eternamente, pero la eternidad duró poco.
Descuidé nuestra promesa reconociendo curvas ajenas en colchones distantes donde no cabías tú. Fueron buenos tiempos para el delirio, pero una masacre para el amor.
Por eso no quiero que me llames ni que me encames nunca más. Prefiero sacar brillo a mi autoestima a través de una pobre erección en solitario que recapitular dos años de roces y mujeres insatisfechas. De mutuas mentiras y acuerdos por la culata.
Mejor vivir en un sin vivir antes que reconocer la  inexistencia del olvido.
Resumiendo: Que te follen, coração.
Ayer mismo me crucé con tu modelo de pantalones. Creo que me reconoció porque apartó la mirada en cuanto se dio cuenta de que andaba un poco borracho. ¿Le hablas tanto de mí como a los demás?
No quiero que pienses que todavía te quiero, ni que no vivo esperando tu próxima llamada. Solamente necesito a alguien con quien hablar. Pero es probable que me ignores y te rías de mis miserias, como solía hacer yo contigo.
Ahora mismo estoy divido, colocado, y pensando a ratos en otras mujeres que no tienen nombre. Que no me esperan. Que me preguntan por mi vida sin que a ninguno de los dos nos importe una mierda.
Así están las cosas.
Por eso me veo en la obligación de despedirme, como no podía ser de otra manera, con un beso y un “que te follen, coração”.

miércoles, 19 de enero de 2011

Dejar de fumar (medio cigarro)

Quítate los tacones primero, ¿para qué descuidar el silencio? Luego suéltate la coleta.
Desembarázate del vestido, pero no olvides expulsar los complejos y las excusas en una profunda tos. Escúpemelo todo en la cara, cariño, quiero chorrear mierda hasta que se me mezcle con el sudor.

Todo lo demás no existe porque no hay nada que esté a su altura, así que la invito a pasar, y luego me invita ella a mí, y entonces ocurre que me pierdo entre tantas curvas leves y accidentadas perfecciones, como un explorador inexperto. Y me sumerjo. Y voy y vengo. Pero siempre para quedarme.
Entro hasta donde puedo y aguanto malamente la presión de sus labios multiplicados acariciando las comisuras de mi corteza cerebral. Todo lo demás son contextos innecesarios para malvivir.
Y sin que pueda darme cuenta, libero la libido que ahoga los temblores y los jadeos en un mar de carne caliente destinada a enfriarse poco a poco. A perderse por ahí en lo que dura la mitad de un cigarro que no pienso apagar por nadie.
Pero, por si acaso y mientras sueñe contigo, no me pidas que deje de fumar porque igual lo consigo.

Tomando Lisboa ep. 0910


Si al final invado Portugal voy a regalarte un cacho para que no me tengas que soportar cuando esté borracho.
Muerdo de nuevo la arena con las suelas de mis zapatos y la sangre de mis venas. Aprieto el puño para que la tristeza no se me escape, no sea que me quede a solas con la soledad. Ay, Jesús, Dios no lo quiera.
Hay personas que olvidé sin tiempo para recordarlas, porque en esta playa sobran vistas pero no hay horas donde agarrarme si me quiero quedar con ella. Además, casi prefiero dormir que vivir de largos paseos y besos bajo la lluvia.
Si al final invado Portugal voy a regalarte un hueso para que aprendas a dosificar la pasión y todo eso.
Mastico mis heridas para recordar que las cartas buenas no son las mejores, y que las mejores están en manos de otros jugadores. Moisés, liberaste a tu pueblo y separaste las aguas, y eso está bien, pero, ¿dónde están las tablas?
Si resulta que por causalidad invado Portugal, buffet libre de toallas... para todos.

martes, 18 de enero de 2011

La Prórroga: Unas horas de gloria


            Despiértame, tía, pero muy poco a poco, no sea que me asuste y mi aliento te asesine, y el tiempo te deprima, y yo empiece a marcharme.
            ¿Cuántas veces me arañaste los extremos en mitad de la liturgia sexual que practicábamos día sí, día también? Diciembres incesantes y eneros raros me llenan la cabeza de pájaros errantes que se largan con cualquiera sin recoger sus cagadas antes.
            ¿Para qué me llamas, si sabías que quería hablar? Gracias por nada, morena. Gracias por nada.
            Llegas tarde, pero por la mañana estoy tan caliente que al menor roce me corro y me recorro con un arcoíris unidireccional en donde te encuentro sin querer. Welcome to my perversión.
            Después de tanto tiempo, sigo igual. Me cuentan que tienes novio nuevo con dos huevos como carretas. Eso está bien. Antes éramos más flacos, más guapos y un poco menos libres. Sin embargo, no había cama que se nos resistiera. ¿Te acuerdas?
            Y ahora estamos aquí de nuevo. Como ves, ya no abuso tanto de ciertas sustancias y me levanto y me ducho y me afeito todos los días. No paso la noche escribiendo gilipolleces ni asaltando casas ajenas donde tú no podías entrar. Hay quien dice que incluso parezco más despierto.
            Perdón por el revolcón, amor. No haberme llamado.

Hasta siempre.

Alegre jauría de canto

En una caja de pino custodiada por pingüinos depresivos que ponga: “¡Señor Castro! ¡Bienvenido!”, iré a buscarte, cruzando este océano polar que nos separa, para parar delante de tu casa, estático sobre un felpudo que diga: “Y no me vuelvas a llamar”.
Rodaré ladera abajo con mis botas chirriantes y tal vez me integre del todo en un Todo a Cien coronándome como vendedor del mes para suplir el vacío que dejaron tus pestañeos distraídos en los agujeros humeantes de mi camisa. ¡Bang!

Los pétalos que caen
Secos de las rosas muertas
Son un poco menos crueles
Solo cuando tú estás cerca.

En una caja de pino custodiada por cortinas de lino, haré desplegar la mosquitera de cristal en mitad de la carretera con tu nombre mal escrito, sin prisas pero sin pausas y sin conocimiento de causa. Siempre con la mente en otro sitio. Tú ya sabes cómo soy.
Y si me canso, me detengo en el oasis existencial o en otras palabras, dos décadas de soledad, que me avalan como caballero pseudo-senil y mal hallado, siempre interesado en volver a morir, para rascarle el viento al tiempo, y encontrar un hueco para llenarte, tal día como hoy.

domingo, 16 de enero de 2011

Veneno de menos y tú también

No existe la receta perfecta, además, la cocina no es ningún arte.
(Interferencias)
La cocina no es ningún arte.

Don Dealer (el doctor) y sus remedios sobrenaturales me rescataron de mi mismo cuando ya por la tarde parecía ser (valga la redención) demasiado tarde. Esa noche aprendí que el tiempo no tiene paciencia, pero yo menos.
Una cura de amor, por favor. ¿Qué amor?
El desamor propio me ablanda las sienes y me deprime.
A veces no puedo dormir.
Y a veces no puedo ni pensar en levantarme.

Sí, no sé por qué hay días en que tú me olvidarías y yo me olvido un poco de ti.
A veces viajo a unas velocidades... y por la tarde ya es tarde para arrepentirse.
Paca y cama, pero nunca al revés.
Espera un momento.
¿Quién eres tú? There must be…
De verdad, sácame de aquí.

El camino desapercibido también me persigue. Y los olvidos desaprensivos. Y las proposiciones desagradables.
Con un corazón a prueba de bombas, me sumo al bombardeo de mi cerebro. ¿Pastillas? No, mejor nos ponemos a liar. Mucho mejor así. Mejor nos ponemos a charlar.

¿Qué puedo hacer YO por TI, mujer? No sé qué significa eternidad, porque se me ocurre que no existe una distancia tan abismal entre mi ego y la mañana siguiente.
Si quieres podemos decir hasta donde sea, hasta cuando sea, hasta cuando veas. Pero nunca para siempre. Para nada.
Pero "para qué", esa sí me gusta.
Y tú también.

Aunque no exista la receta perfecta, hay imperfecciones que se le parecen, ¿o no?

martes, 11 de enero de 2011

¿Qué estoy haciendo yo aquí?

Ésta no es mi casa, pero mis recuerdos quedaron tan ajados, tan lejanos, que no puedo estar seguro de nada.
Tengo que salir. Y salgo.
Cierro la puerta. Y me voy.
Así son estas cosas.

Me hubiera gustado haber nacido comprometido con el olvido. Pero, ¿cómo olvidar la distancia? Soy quien soy. Nadie más.

¿Qué hace aquí esta gente? ¿Quién eres tú? No voy a volver a sacar los pies de la cama hasta estar convencido de que todos los desconocidos que me rodean no se llaman igual que yo.
Por eso no quiero consuelos vagos, ni palabritas sinceras de amor fraternal. Tampoco quiero mujeres florero, ni familiares desnaturalizados cenando en silencio por navidad.

Estoy mirando a través de un cristal desesperado, intentando ver. Intentando trascender de él para llegar a cualquier conclusión. No me malinterpretes, no estoy triste. Solamente necesito sentarme un rato, aliviar esta revolución estomacal y encender un cigarro en las ruinas recientes de Technotown. A veces me siento un poco como un puerto abandonado. Y no pasa nada, veneno, y no passsa nada.

“Para curar heridas por hacer”.
Para nada.
Para siempre.
¿Para qué?


Era un puerto añejo.
En los destellos de cristales rotos
Hablaban los muros sin hacer ruido.
Y esparcidos en bodegas errantes,
Cristalizan los olvidos que antes
Fueran flor de un recuerdo sumergido.

domingo, 9 de enero de 2011

Palabras peligrosas


Las palabras que no admiten devolución son como las promesas grabadas en piedra que no debieran sellarse con un apretón de manos, sino de cintura.
Igual que un fotógrafo amateur recreándose en tus imperfecciones, me quedo sin decir nada para que puedas escucharlo todo. Incluso mis latidos podridos de nicotina y alquitrán.
Pero hoy no.
            Quise ser un nómada. Y nómada fui.
            Quise ser un animal. Y no me ha ido mal.
            Pero hay cosas que no cambian nunca. Hay palabras peligrosas como para nada o para siempre que se amontonan en la garganta antes de dormir. Y hay mañanas que me tosen con desgana.
            No sé qué parte de la soledad te hizo tanto mal, mujer, pero igual es la culpable de que te aferres a tus cadenas de humo, que envuelven el calendario y te ofrecen su compañía incondicional para nada, para siempre.
Pudiste ser…
Y yo pude haber sido.
Pero la madrugada respira mientras yo fumo y me delata la misma sonrisa que a esta hora tardía descubre mi verdadera cara. No estén tristes. No. Por mí. No.
¿Cómo puedes pensar que no somos un accidente si di con tu boca como quien recoge una tempestad del suelo? Probaré sabanas propias y ajenas hasta que los pliegues que las recorren me revelen la verdad que ocultaban, o me desvelen cuando te hayas ido.
            Pero, ya que estás aquí, quédate un rato. No pido más.

viernes, 7 de enero de 2011

Pelvis Pelvis

Es un estado en que la materia se corroe para nunca más volver por donde vino.
Perdón, se me juntó la resaca con el vino y Pelvis Pelvis fue la canción que ideé.
Igual no la mejor del mundo igual.
Pero Pelvis Pelvis, pubis angelical.
La encontré perdida en el verano, you know?, en la agonía de la navidad. What the hell's that bloody shit, Castro Mambo, or don't care that? Oh, mama...
Era una manera de contar que no iba a encamarla nunca más. Que no sé querer, pero sé volverme loco, joder, por una mujer. Where are you tonight, sweet Marie? Grow up now, oh, please, you plant, just for me.
Era una manera de pisar la calle sin tocar las baldosas. Suavemente. Interminablemente.
Bang, bang, bang, bang.
Y se reía.
Y yo lloraba.
El desierto estaba muerto
y los camellos daban buena cuenta de ello.
Oh, mamama.
Era una manera de contarle que NO era especial. O de marcharme, sin cerrar la puerta de todo. Un final sin principios o el principio del final.
Reina, que me piro. No me dispares hasta que me haya ido.
Bang, bang, bang, bang.
Y te reías, pubis angelical.
Sangre.
Amor.
Necesidad.

miércoles, 5 de enero de 2011

Tenía que pasar. Y pasó.

Primero vino el champán que pretendí (ingenuo de mí) verter sobre ella, horas antes de que el azar descartara esa posibilidad. Después llegó el vino y la degeneración.
Miles de pastillas de sabores girando a mis pies como un arcoiris enloquecido. ¿Estás en la vida, Ale?
Mis amigos y yo.
Yo y mis amigos.
Quisimos volar, y elegimos aspirar disolvente para que la realidad no lastrase nuestras alas enfermas.
Ardió la mesa. Rompimos botellas. Condujimos al borde de la tragedia y propusimos sexo a la persona equivocada.
No quedó, en mi casa, váter sin estrenar, cenicero sin ceniza, o locura sin desbordar.
Son tantos los recuerdos póstumos. Las confidencias turbias. La guitarra impactando contra el suelo. Tantas cosas que no recuerdo, y tan pocas de las que, a pesar del daño, me arrepiento.
Tenía que pasar. Y pasó. Mordimos nuestra propia cola y nos hundimos del todo en nuestros miserables excesos. No está tan mal, ¿sabes?
Pero son muy tristes las mañanas.

martes, 4 de enero de 2011

Estoy tó loco


¿Quieres que estalle? El asfalto se levanta para que no me calle, pero, ¿cómo voy a cerrar la boca si la tuya no para de existir?
Puedo morirme mil veces, y tal vez una sea por ti. Dedicarte mis lindezas más arrepentidas o vomitar en tu vestido cuando intente besarte. Ya sabes cómo son estas cosas.
Me duele la cabeza.
La barriga.
Y nada más.
¿Qué quieres que te diga? No puedo evitar perder los papeles y recorrer las paredes esperando que derribes la puerta y me rompas la cara.
También puedo ejercer de tu sombra, pero no me mires con asco, si según te dé el Sol, me enredo en tu silueta y me pierdo por tus leves derroteros. Ya sabes cómo son estas cosas al final.

Estoy tó loco. Y tú también.

domingo, 2 de enero de 2011

San Lucas (para los amantes de poca fe)

Llevo sin dormir un tiempo.
Llevo un tiempo sin dormir.
No hagan tratos con mi pena como si fuera un favor aguantarme.
Llevo dos días sin dormir
o casi desde 2010.
Llevo los dolores nuevos dando lengüetazos a los viejos (verdes).
Pero no me malintrepetes, tía.
No me quejo. No me quejo.
Muchas personas que perder.
Pocos perdones que pedir.
¿San Lucas? ¿Y quién es ese? Otro para la colección de trinos
de la Santísima Trinidad.
La virgen no lo era tanto
Al final.
Razón me diste tanto champagne,
Morena.
Razón me diste tanto champagne.

"C'mon give it to me
I'll keep it with mine."

Aquella noche vino.
Aquella noche güisqui.
Aquella noche vino, pero se marchó.
Y tú, que no me conoces, dame más de beber.
A veces hablas demasiado. Cállate ya.
A veces a voces, a base de silencios tal vez,
pero nunca con razón.
Cállate, morena, quiero echarla de menos
en paz, fingiendo que te pareces un poco.
San Lucas, San Santo y Santo y nada más.