LXXXII. En
cuanto se sentó, le rodearon los conspiradores con pretexto de
saludarle; en el acto Cimber Telio, que se había encargado de
comenzar, acercósele como para dirigirle un ruego; mas negándose a
escucharle e indicando con el gesto que dejara su petición para otro
momento, le cogió de la toga por ambos hombros, y mientras exclamaba
César: Esto
es violencia,
uno de los Casca, que se encontraba a su espalda, lo hirió algo más
abajo de la garganta. Cogióle César el brazo, se lo atravesó con
el punzón y quiso levantarse, pero un nuevo golpe le detuvo. Viendo
entonces puñales levantados por todas partes, envolviese la cabeza
en la toga y bajóse con la mano izquierda los paños sobre las
piernas, a fin de caer más noblemente, manteniendo oculta la parte
inferior del cuerpo. Recibió veintitrés heridas, y sólo a la
primera lanzó un gemido, sin pronunciar ni una palabra.
CAYO SUETONIO, Los doce césares.