Me
solidarizo con mi dolor, aunque no alcance a discernirlo. Al carajo, ¡qué
menos! Vivo al día: me compadezco, río, lloro, me desnudo como el otoño y prendo
un cigarrillo que ya nadie me desaconseja; contradigo mis sinsentidos y también
frecuento la nostalgia, me masturbo con austeridad, duermo, olvido. Rescato del
suelo el gentilicio de quien perdió su tren y me sorprendo compartiendo un ceño
fruncido con el murmullo que abreva en los posos de mis adentros. That's life.