Soldado que huye sirve para otra guerra. Perro que regresa después de Navidad no tiene precio. También hay besos que valen oro, aunque el oro es algo muy relativo.
¿Cuántos quilos hemos ganado? ¿Cuántas cosas habremos perdido por el camino? La verdad, no lo sé, y parece mentira que nadie se dé cuenta.
Imprégname, miss T, de tus pinceladas de pasado, que tanto bien me hicieron cuando todo era más fácil. Aun tengo presente la promesa tardía que te hice al escribir para ti mientras dormías procurando soñar lo menos posible.
Todo está más negro ahora.
No es que te eche de menos, tía, no me subestimes, pero estarás de acuerdo conmigo en que algunas madrugadas no tienen vergüenza.
Mañanas de café y tabaco, despeinados y abandonados en un bar, después de habernos degenerado durante toda la noche bajo el papel arrugado de nuestra libertad. A veces dormíamos en Tacoronte, donde el frío era el menor de nuestros problemas. Otras veces lo hacíamos en La Laguna, y siempre sin protección.
Ahora no somos nadie. Entonces éramos 6.972.688.217 personas en una habitación.
…
¿Y qué me dices ti? Me gusta cuando finges ser una mujer porque yo suelo fingir ser un niño. Tus cadenas son mis cadenas, pero tus ojos no tienen la fuerza vinculante que me obliga a quedarme satisfaciendo tus deseos. Las cosas como son.
No voy a ser un caballero si no me das un poco de cuartel para instruirme en el noble arte de la seducción de quimeras. No voy a ser nadie si no me animas a contradecirme, y no voy a rescatarte de ninguna torre porque tus ruinas se desmoronan sin ayuda.
A parte, he de reconocer que tampoco soy ningún justiciero sentisexual, ni una boca de alcantarilla.
Hay abismos que merecen robarle alguna caricia al viento, y hay centímetros al borde del delirio que… ¿por qué no habrían de perder la cabeza del todo?
Ven, pero no olvides no arrepentirte jamás de lo que pudiste haber hecho. Y lo que es más importante, no te olvides de hacerlo.