No
acertaron los reptiles, tras toda una vida, el pleno en la quiniela
que remiende sus escamas para no envejecer. Como mi interior es todo
fachada y además mudo de pellejo en cada esquina, los carteros
disciernen—a
efectos de notificación—sobre
quién se desprende realmente de qué. Vivimos tiempos aciagos, toda
vez que antes ya no es lo que era.
Bajo
las copas de los árboles los augures se revuelven en sueños,
escudriñan en el limbo y sus auspicios se preguntan...
De cuerpo presente, contuvo su último estertor, ¿qué culpa tiene el hambre si vivir del aire no da de comer?