sábado, 30 de abril de 2011

¿Para qué?

               Para que aprendas a morder la piel con rabia, sin que el jugo se pierda y con la sed del sediento agrietando tus labios, queriendo amar y ser amada, infinitamente amada. Los ayeres contemplativos reinventan el presente de modo que todo recuerdo amargo se deshace lentamente en el fruto carnoso del olvido. Mientras tanto, una sonrisa irónica se retuerce en la piedra de un mechero en llamas apenas vivo para prender un cigarro humedecido bajo la lluvia de hoy. Los dientes que lo mantienen ingrávido y combustible son ilusiones óseas, doradas, prescindibles al fin, que nada tienen, salvo este momento.
                Mi vida en cursiva, la tuya simplemente propia. Mucho más guapa que entonces, pero más indiferente que nunca, quisiste alejarme de mis vicios más inconfesables, incluyéndote a ti, o hacerme elegir. Por supuesto que las mañanas sin melodías sonrientes se convierten en miserables y vacías naves de Caronte, pero ya me conoces, no soporto los despertares sin tabaco, negar mi naturaleza miserable y vacía, o dar los buenos días para siempre. Finalmente, y como cabía esperar, me dejaste sentado con un beso impreso en los labios y un cigarro entre los dientes.

miércoles, 27 de abril de 2011

Mustard for Bastards

              Ahora es cuando el río suena. Cuando las paredes se vuelven impredecibles y las dimensiones se mezclan como una saturada salsa para los bastardos de categoría. Medina y yo (yo y Medina), deseamos que se asomen con decisión al término de la degeneración, donde empieza lo nuevo y, prestando dócil atención, tomen como suyas las baladas degeneradas de "Mostaza para Bastardos", la colaboración definitiva.

mostazaparabastardos.blogspot.com

martes, 26 de abril de 2011

¿Para qué carajo me llamaste?

               
               Porque ningún hombre merece que lo despierten de su sagrado sueño a una hora tan indecente (más o menos las diez de la mañana), para hablar de amor y otras gilipolleces pasadas:

               Me encanta perderme desvestido por tu costuras deshechas en jirones de piel tensa y electrizante, mujer, beber de tus imperfecciones para perfeccionar mi aleatoria pasión de explorador amateur y abrirme paso a lengüetazos hasta llegar a tu paladar, donde me detengo a mirar el pálpito que tiempo atrás diera por perdido, pero que en realidad, nunca supe ver. ¿Es posible que por una vez no necesite más de lo tengo? ¿Acaso esto era la primavera? Aquella parte de mí que detestaba dormir cayó rendida al pie de tu cama, y las tajantes despedidas se cansaron de viajar solas y en silencio. Qué bien que te encontré, tía.
                Y ojalá fuera verdad.
                Pero la verdad es que todavía me cuesta dormir. No siento nada por nadie, o por lo menos, no más de lo que nadie siente por mí, y hace tiempo que me deshice del recuerdo para poder pasar la tarde sin que la melancolía desgarre las paredes buscando mi complicidad. Consumo, me aburro, paseo, pero desde luego, no tengo ganas de masajear tu ego lamiéndote las heridas. Seguramente nos desvistamos con cuidado animal pero por separado, porque no quiero volver a mirar por el ojo de una aguja existencial hasta verme clavado en el centro de tu vida. Ya he estado allí. Y llegados a este punto, te pregunto…

jueves, 14 de abril de 2011

¡UH!

Uh. Parálisis facial. Maldita pose intelectual: Homero, Ovidio, Omán. Cordero existencial y tal, ¿para qué? Para nada pero sin cenar. Me pican las noticias, las novicias de primavera y las rayas de la carretera. Abertzales inmortales, iguales a la derecha católica, mongólica y la izquierda de mierda. Buena mala hierba podrida. Zurdismos de mentira. Españas, españoles y espaldas mojadas en la frontera imputada para qué o para nada. Desintoxicada.
¿Y yo qué pinto? Un paisaje al óleo, extinto, experto en petróleo y precintos, como el de mi tabaco. Pobre tabaco. Pobres impuestos impuestos, lengüetazos de Baco, respingos expuestos, niños a ratos. ¿Qué? ¡Bang! Uh…
21 años de coña.

lunes, 11 de abril de 2011

Hashīsh

Cuando todo esté permitido bajo la coacción represiva de la voluntad ajena, los labios que se presumían rojos y voraces, serán solo una imagen descompuesta en sepia, secándose en el segundo cajón del escritorio, donde las manos inquietas revuelven el pasado y consultan al olvido sobre el recuerdo. Qué locura.
Triste, como los pájaros enfermos que levantan el vuelo con dificultad, perdiéndose de vista en el lacrimal de un heroinómano melancólico. Disperso, como un niño ensimismado esperando en el asiento de atrás. Amargo, como la primavera insinuándose en cualquier esquina; ojerosa y fumadora; económica y solitaria. Indiferente, como un perro en el cine. Extraño, como los cielos que se deshacen en finas gotas de alquitrán frente a mi ventana.
Cuando los borrachos se alivien en servicios aseados y perfumen sus solapas impolutas antes de sumarse a la gente del montón, amontonada en la autopista para ir a trabajar, las miradas que antes se cruzaban igual que en un tiroteo, harán de la cama un hospital sentimental y no un campo de batalla, y eso será…
Quisiera seguir escribiendo, pero cojones, ¿para qué? Para nada. Para sí, más bien.
Hablando en plata, mi cara presenta graves síntomas de maltrato propio y ajeno y ganas, canas y voluntad de joder y que me sigan jodiendo, porque ésa es la salsa de la vida, o acaso seré una suerte de sodomita emocional. Qué más da.
A sobar todo el mundo.
Psicotropías a parte: Hachís.

“¡Jezús!”.