jueves, 27 de enero de 2011

Última despedida n. 107 (2011 hope)

Afuera el color de la lluvia salpicaba todos los edificios y los coches. El asfalto se empapó de recuerdos. Las miradas se perdían entre la niebla y los limbos emocionales ya no parecían tan distantes. Nada había cambiado, y sin embargo…
Al escuchar mi nombre me sacudí esos pensamientos de la cabeza y la miré despeinado. Seguía siendo ella, la misma de siempre. Sonaba de fondo un blues clásico perfectamente acompasado con sus sonrisas distantes a través del humo del café. El último trago siempre es el más amargo.
“Hoy te toca invitar a ti”. Me dijo que él era todo lo que yo nunca fui. Ya no tenía que preocuparse preguntándose a solas y en medio de la calle si llegará o no. Si estará demasiado intoxicado para poder hablar por teléfono o si andará frecuentando camas ajenas. Eso sí, “Ale, contigo nunca me aburría”. Joder, qué orgullo.
Afuera el color de la lluvia amenazaba con devorarnos si abríamos el paraguas, pero combatimos el gris perpetuo con el rojo fuego, y por una vez, después de tanto tiempo, vencimos. La invité a pasar a mi coche. Entonces la besé. “Eres la persona más adictiva que conozco”.
Y tú también, tía. Tú también.
Al final, y como siempre, nos despedimos para siempre. Hasta siempre. Hasta la próxima.

“Cuando me voy lejos
No duerme sola.
Ni lo pido porque sé
Que soñará conmigo.”

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