Despiértame, tía, pero muy poco a poco, no sea que me asuste y mi aliento te asesine, y el tiempo te deprima, y yo empiece a marcharme.
¿Cuántas veces me arañaste los extremos en mitad de la liturgia sexual que practicábamos día sí, día también? Diciembres incesantes y eneros raros me llenan la cabeza de pájaros errantes que se largan con cualquiera sin recoger sus cagadas antes.
¿Para qué me llamas, si sabías que quería hablar? Gracias por nada, morena. Gracias por nada.
Llegas tarde, pero por la mañana estoy tan caliente que al menor roce me corro y me recorro con un arcoíris unidireccional en donde te encuentro sin querer. Welcome to my perversión.
Después de tanto tiempo, sigo igual. Me cuentan que tienes novio nuevo con dos huevos como carretas. Eso está bien. Antes éramos más flacos, más guapos y un poco menos libres. Sin embargo, no había cama que se nos resistiera. ¿Te acuerdas?
Y ahora estamos aquí de nuevo. Como ves, ya no abuso tanto de ciertas sustancias y me levanto y me ducho y me afeito todos los días. No paso la noche escribiendo gilipolleces ni asaltando casas ajenas donde tú no podías entrar. Hay quien dice que incluso parezco más despierto.
Perdón por el revolcón, amor. No haberme llamado.
Hasta siempre.
(un gran y estruendoso aplauso)
ResponderEliminarHoy escuché por áhi una buena réplica a todo esto: "Si pal demonio mi alma, pues para ti mi coraçao"
ResponderEliminar