Personalidades pretéritas agavillan sus dedos fantasmales formando un lecho compacto donde anida el recuerdo.
Mira qué bien le siento a la mala vida. Habrá que buscar un remedio coherente, porque últimamente no me aguanto. Me parto la cara con cualquiera que te guiñe el ojo y me arrojo si se lo guiñas tú también. Son las mismas pequeñas putadas que no tienen sentido para muchos, pero para mí… siempre fue diferente.
En el colegio me enseñaron que pase lo que pase, la culpa la tengo yo. Por eso algunas veces me despierto con el cráneo abierto y la almohada cubierta de serpentina. Habrá que encontrar un amor que nos sobreviva, casi momificados, más allá de las uñas, el pelo y los dientes amarillos. Cadáveres de la mano, de labios secos, entrelazados en un nicho y atravesados por gusanos.
Porque no queda nada más que un dragón de agua; espirales ajadas; una madre deshecha; y familiares calientes acomodados en urnas de porcelana que sirven también como cenicero. Porque no quedan más que personas que olvidé antes de poder recordarlas. Porque coincidir hoy con sus ojos fue como querer atravesar un vidrio con la mirada. Y no pasa nada.
…y entonces me sobrevino como un soplo la súbita inmediatez de la memoria. El desierto helado del hastío. Los abortos nonatos del amor pasado de güisqui.
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