Hasta llegar a donde quiera que pernocte la invicta suerte, asaltaré miradas ajenas entre parpadeo y parpadeo. No serví para jugar a querer sin una puerta entreabierta a la que recurrir en caso de emergencia. Solamente sentir lo que se siente al formar parte de un paisaje compartido sin consultar inevitablemente el reloj será un horizonte casi tangible. Mi salvación.
Haciendo la digestión entre los edificios que devoran gente o en las vías del tranvía se desprende una gota de sangre azul, elevándose hasta el más sagrado de los altares, donde una deidad improbable cerrará el puño ensangrentado. Después lloverá sobre nuestras desprevenidas cabezas e ignorantes de todo, nos diremos adiós con un beso.
Apoya la cara en el cristal, mujer, tal vez sin saber que aunque las gotas están por fuera, el frío no entiende de fronteras. En el escritorio, un papel arrugado languidece con nuestros nombres escritos. Pronto seremos ceniza, menos que ceniza. Pero la vieja tinta nos sobrevivirá hasta encontrarnos de nuevo en algún segmento temporal impreciso. En alguna orilla donde rellenan cuestionarios los funcionarios. O tal vez donde pernocta la invicta derrota.
Vaya, siempre llueve sobre ti y tus acompañantes.
ResponderEliminarha esta el tiempo malo últimamente. Un frio de la hostia
ResponderEliminarDicen que hace bueno por Tacoronte.
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