Me invaden los ochenta. ¡Qué disparate! Después de veinte años, y todavía no he nacido. No tropecé contigo por la calle ni por casualidad (para nada me imaginé un final parecido). Así que finalmente, la de las fotos eres tú; tan amarilla, tan nostálgica; la calle se estrecha, guiño los ojos torpemente desde lejos y tus pupilas no parecen tan diferentes como decías. ¿Así que esto era la vida, fotos consumidas por los bordes? Te convido con el olvido si me invitas a fumar contigo a solas y en silencio. Demasiado ruido para un auto incomprendido, calado desde el principio hasta los huesos de los demás. Mil novecientos noventa.
Noventa y uno.
Y demás pretéritos imperfectos.
Fuego cruzado. Paralelas borrachas atravesando a duras penas un eje acusador. Sentimientos a discreción como una manada de elefantes sobre la cama. Entrevistas febriles con el placer y el desconcierto arrepentido.
Mañana, más viejos, más guapos, nos perderemos de vista para no perder la cabeza del todo, más locos que una cabra, más solos que nunca, y sin ninguna puerta donde apoyar las maletas y aporrear familiares y sonrientes, eso son privilegios reservados a la gente de bien. Nosotros somos paisajes lunares distantes, siempre lo fuimos, fotografiados por separado y reunidos por casualidad en un álbum aleatorio, en algún archivo enmohecido, lejos del alcance de los demás. Gatos auto incomprendidos.
Me alegro de leerte, lo esperaba ansiosa.
ResponderEliminarHey! Hola! ¿Qué tal? Este nuevo texto me gusta, tio. Cuando escribes eres poco concreto pero me gustan algunas asociaciones de imágenes.
ResponderEliminarPues sí, la verdad es que muchas veces es como echar un par de imágenes en el Word pa' que salga un texto. Ja, ja. ¡Gracias!
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