miércoles, 19 de enero de 2011

Dejar de fumar (medio cigarro)

Quítate los tacones primero, ¿para qué descuidar el silencio? Luego suéltate la coleta.
Desembarázate del vestido, pero no olvides expulsar los complejos y las excusas en una profunda tos. Escúpemelo todo en la cara, cariño, quiero chorrear mierda hasta que se me mezcle con el sudor.

Todo lo demás no existe porque no hay nada que esté a su altura, así que la invito a pasar, y luego me invita ella a mí, y entonces ocurre que me pierdo entre tantas curvas leves y accidentadas perfecciones, como un explorador inexperto. Y me sumerjo. Y voy y vengo. Pero siempre para quedarme.
Entro hasta donde puedo y aguanto malamente la presión de sus labios multiplicados acariciando las comisuras de mi corteza cerebral. Todo lo demás son contextos innecesarios para malvivir.
Y sin que pueda darme cuenta, libero la libido que ahoga los temblores y los jadeos en un mar de carne caliente destinada a enfriarse poco a poco. A perderse por ahí en lo que dura la mitad de un cigarro que no pienso apagar por nadie.
Pero, por si acaso y mientras sueñe contigo, no me pidas que deje de fumar porque igual lo consigo.

3 comentarios:

  1. Bonito. Pero me perdí.
    Don't miss. Tell me.

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  2. Cuéntame qué me estoy perdiendo en tu vida, Alejandra... que me siento perdida entre tantas sábanas que corretean por aquí.

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