sábado, 21 de octubre de 2017

BUDDY HOLLY Y YO

   Las teclas que pulso revelan melodías de Buddy Holly, cuyo cadáver fue descubierto en un campo de maíz junto a los de Ritchie Valens y The Big Bopper. El día en que murió la música parece hoy tan lejano… Y, sin embargo, a veces creo despertar entre los restos de aquel monoplano: el aire se mece a mi alrededor, turbio, ondulado, mientras los pájaros chillan, enfermos de odio, sobre las flores humeantes. En la distancia diviso un tupé deshecho tras las cañas destrozadas cuando, de pronto (que Dios me asista), me doy cuenta: no puedo ser otro que Roger Peterson, el infame piloto del Bonanza estrellado en el condado de Cerro Gordo. Por más que intento tensionar algún músculo, no acierto a reconocer mi propio cuerpo. Los párpados pesan, me pregunto a qué distancia quedará Dakota del Norte, quizá tratando de distraerme de la sangre y el metal retorcido, que son ahora todo mi mundo. Cierro los ojos, tranquilo. Parece que está amaneciendo.

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