No conozco a ninguna Marta,
y mira que es raro.
Si bien el amplísimo acervo
de nuestra toponimia
no descarta tal cosa.
Marta... es que no caigo.
Si, Dios mediante, me da hijas,
un yate o un hámster,
los llamaré a todos Marta
seguido de un número
romano o arábigo,
según sean las filias
aritméticas de su madre.
Porque mira que di con Ritas,
Emeterias y Elsas,
y Adelaidas por castigo,
Teresas e Hilarias
y hasta una Aleja.
Pero, en cambio, Marta,
lo que se dice Marta...
Deben haberse extinguido.
He hecho del planeta rojo
mi astro predilecto,
y de los lunes, la víspera
de cada Santa Marta
que alberga el Santoral,
beata de quien acopio
esmeradas estampas
y pías biografías,
sabiendo que, así y todo,
aun desconozco toda Marta.
Qué suerte volver a verte por aquí.
ResponderEliminarJa, ja, ja. Gracias, óyeme.
ResponderEliminar