martes, 8 de febrero de 2011

"Bueno, malo, loco o peligroso"


Despacito por el camino empedrado. La lluvia no obedece a nadie. Nótese el blue entre mis sienes tensas proyectado en el suelo a través del mirar disperso de mis ojos. Me cago en todo. Me aburro a mí mismo.
Despacito, no sea que tropiece y me joda algo. No sé, los cigarros se terminan y el amor es una broma. ¿De qué se supone que me voy a reír ahora? Los viejos abanderados corren, tintinean sus galones y el Sol los abrasa con desgana. Están todos muertos. Estamos contigo. ¿Hasta qué punto pueden dos manos abrirse y brillar más que…?
Una sonrisa por compromiso. Amigos de clausura. Conexiones neuronales desafortunadas. Pesadez mental. No quiero jugar más, May. No espero nada.
Podrán rebañar los viejos rencores de mis labios durante años, pero (aunque suene cursi) para ahondar en mi corazón hace falta un estómago de hierro y una máscara antigás. Sí, soy un vendido, o un faro fundido. Un mal amigo, pero un hombre bueno.
Torsos desmembrados me saludan. Me hacen guiños sus cabezas hinchadas desde el fondo del mar. Sus pies están bajo tierra. Y yo formo parte, en parte, de todo eso. Me dicen que las cosas están bien. Me tranquilizan: “Las cosas están bien”. Me tranquilizo. Pero la verdad es que nada es como debería ser.
¿Qué coño hago yo en el techo? Imaginación, pero no sé volar…
Voy a volver a vivir en un sin vivir cuando la tormenta se encamine en otra dirección. De la cama al suelo. Del consuelo al desconcierto. Lo cierto es que no sé querer. Sé lamentarme y fumar. Mucho. Sé todo lo que hay que saber como para no estar bien.
Coitus interruptus, porque nunca termino de expresar lo que realmente quiero. Ahora, lo que sí voy a pedirte es que les digas a todos que se vayan. Que se piren despacito, por el camino empedrado. Así nos encontremos algún día o muramos en el acto del propio caminar sin sentido. ¿Qué más da, tú?

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