Me mezclo con la cama. Mi cabeza es una puta autopista de sabores circulares que se extiende infinitamente hasta donde alcanzan mis dedos. Desde esta posición inhumana prefiero buscarle las cosquillas a Dios que enredarme con las nubes que reptan por el cielo, dejando un rastro de baba que gotea a deshoras. Cuando se apagan las farolas la verdad sale a la luz, y es que pertenezco a mi generación, que a nadie pertenece; cansada de darle ventaja al tiempo, y tristemente, de género vulgar.
Venía pensando: “si las paredes hablaran, ¿qué dirían de mí?”. Y de pronto, el olvido se reinventa y me manda a tomar por culo aun sabiendo que Ella estará esperando detrás de la puerta. Efectivamente, me descubro de pie y a oscuras, a falta de quitarme un calcetín, saboreando la mierda que nunca rozó mis labios y pensando: “mierda… pero qué mierda, señores”.
¿Quién, yo? Estoy un poco como un perro con chaleco reflectante atravesando la autopista, o como una mala sinfonía desayunando vino con coca-cola a las seis de la tarde. A veces ocurre, pero, ¿qué te voy a contar, tía, que no sepas ya?
Grata lectura, gracias.
ResponderEliminarDe nada.
ResponderEliminarJa ja ja! Un perro con chaleco reflectante atravesando la autopista...genial, muy buena. Por cierto, he dejado un link en mi último post por si quieres oir un tema nuevo. Hasta pronto!
ResponderEliminarOiga!! La canción es un temaSo!! Recalco la "S" en la pronunciación para dar énfasis a la palabra jaja. Enhorabuena, viejo.
ResponderEliminar